Hasta en su muerte… polémico

Rufo Caballero murió este miércoles de un infarto cardíacoA todos nos asombró leer en esta mañana sobre la sorpresiva muerte del crítico de arte Rufo Caballero, y es que de una manera irónica y polémica como a él mismo le hubiera gustado llegó la noticia, a tal punto que nadie la creía posible.

Sorpresiva e impactante, cual si fuera una de sus tantas críticas del audiovisual cubano y de la sociedad contemporánea, llegó la nueva no buena, sobre su deceso. Como muchas veces primero en medios alternativos de comunicación que por medios oficiales, supimos del inesperado suceso que deja boquiabiertos a todos.

Video Guajiro de Sexto sentido, donde aparece Rufo Caballero

 

Aunque muchos le increparon en vida la tendencia de su proyección audiovisual y sus comentarios barrocos y a veces ininteligibles para el espectador común de la pequeña y gran pantalla, pocos comprendían que él no era un figurín más de los que salen en la televisión todos elitistas y con caché de presentadores de los 50.

Su aura intelectual y desenfadada le caracterizó, su hasta antiprototipo televisivo lo hacía único amén de las críticas, y su verbo era exclusivo. ¿Quién dice que los críticos de cine tienen que popularizar sus comentarios para que las mayorías lo comprendan? ¿Cuándo acabaremos de entender que hay públicos y públicos, y el de Rufo no era la gran audiencia?

Recuerdo incluso las discusiones en el aula de la Facultad de Comunicación donde colegas, ahora periodistas de disímiles medios de comunicación, me increpaban las lecturas asiduas de sus textos, por lo “excéntrico”, “incomprensible” y hasta “altisonantes” de sus líneas. No faltaron tampoco los que lo largo de estos años tras su aparición en el popular programa de video clip Lucas lo tildaran de “mediático”, “oportunista” y hasta “parcial” por realizar críticas benévolas a unos y aniquilantes a otros.

Mas, a mi criterio Rufo Caballero supo asumir una postura suya, original e irrepetible frente a la crítica de arte y el audiovisual en Cuba. Salió de los círculos elitistas del séptimo arte, donde palidecen a veces grandes obras por solo ser consideradas populares o banales, para apostar por el nacimiento del video clip en Cuba como una muestra más de las vertientes visuales en la Isla.

Para Rufo, no había crítica, ni postura personal sin coyuntura, sin movilidad de la circunstancia, y muchos menos sin luz larga, sin la capacidad de ver más allá de lo que admiran los altos círculos de cultura, y muchos menos sin insertarse en el sustrato de las clases más marginales de Cuba.

“La gran finalidad de la crítica está en el aprendizaje de los demás, en la entrega de herramientas para el análisis, y no en el juicio cerrado en sí mismo”, explicaba en una entrevista. Y eso intentó hacer.

¿Quién sustituirá a Rufo en El Caballete de Lucas? Era lo primero que muchos preguntaban hoy en las redes sociales, e incluso eran inquietudes del personal del sector periodístico. A mí en realidad no me interesa, como si lo quitan. Es más eso debieran, no soy partidaria de duplicar legados que siempre se quedan en las ansias aunque se cambien parcialmente los nombres y se coquetee con otras formas de concepción para el espacio.

Ese era el lugar de Rufo, como su puesto frente a estudiantes de la Facultad de Artes y Letras, como las mil y una polémicas que le acompañaron en vida. Se aventuró como el Quijote que aún con sus defectos arremetía contra los molinos de viento que constituyen hoy la ineptitud en muchas facetas de la televisión cubana. Libró más de una vez la lucha, a veces ganaba, otras perdía… Se merecía el elogio por unos, el sarcasmo por otros, y el polvillo no le debe haber sobrado.

Pero no se detuvo por mediocridades culturales, apostó por el tiempo de cosas que aparentemente no lo tenían, abogó por otras que quizás muchos no hubiéramos respaldado, pero nunca dejó de ser Rufo Caballero, barroco, risueño, irónico hasta calar los huesos.

Y así se fue, dejando a todos estupefactos, como si fuera una crítica de las suyas únicas y sarcásticas, de las que no te las crees hasta que terminas de oírlo hablar. Polémica su vida… no podía ser menos su muerte. Como diría Martí en su poema el Yugo y la estrella: “Y el vivo que a vivir no tuvo miedo, se oye que un paso más sube en la sombra”.

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Acerca de Maycardentey
Semi nativa digital, pinareña por causalidad y no por casualidad. Irremediablemente zurda, virgo por antonomasia y convencida periodista.

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