Hoy quiero intentarlo

Hablar con Jaime Sarusky es una experiencia única

Hablar con Jaime Sarusky es una experiencia única

Hace apenas unas horas de mi conversación con Jaime Sarusky, Premio Nacional de Literatura 2004, y no logro sacarlo de mi mente. Ni siquiera la lluvia de invierno o la lejanía me impidieron ir en busca de la ansiada entrevista y me fui con más, con una lección de vida.

Confieso que estaba un poco molesta, no es fácil con las comodidades a las que banalmente nos acostumbramos, viajar 150 kilómetros en busca de una entrevista, que en muchas ocasiones suelen ser fallidas quizás por las expectativas para con el entrevistado, o tal vez por los ánimos y personalidades de los mismos.

Pero en realidad Jaime Sarusky desvirtúa toda previsión posible, en mis pocos años de profesión ha sido unas de las mejores conversaciones, más que entrevista, y me atrevería a decir que será una de las más provechosas en toda mi vida como periodista.

Y es que ahora recuerdo cómo entré al condominio de tres pisos, un poco temblando por algunas sugerencias para el trato, con el que ya me habían definido como “quisquilloso empedernido”. Me descubrí leyendo en la escalera el cuestionario memorizado hasta el cansancio, con tantas preguntas que yo misma me agobiaba al leerlas. Ese desmedido interés del novato y mozo periodista de exprimir al entrevistado, o pretender exprimirlo, o tal vez experimentar en preguntar cuestiones poco comunes o sugerentes con tal de no repetirse con otros interrogadores.

En fin mi psiquis iba preparada para enfrentar a Jaime Sarusky, o al menos al que me había imaginado en referencias, opiniones personales y citas de entrevistas, y con el pavor de que me preguntara comentarios sobre sus libros, cuando apenas había leído dos (La búsqueda y Un Hombre providencial), y engullía golosamente el libro de crónicas El Tiempo de los desconocidos.

Quizás me veía como Anselmo, el flautista, personaje de La búsqueda que se preguntaba “¿Qué hacer, adónde ir? A mi no me quedaban muchas alternativas, en pleno aguacero en 21 y 24.

Cómo definir a Jaime Sarusky pudiera ser uno de los ejercicios periodísticos más difíciles, es mezcla de todo y a la vez nada en particular. Un aura de intelectual recluido en su apartamento abarrotado de libros en un tercer piso del pleno Vedado, un aguzado y encantador detallista con memoria providencial para sus casi 80 años, un hombre extremadamente único para quien “la vida se ha hecho más compleja” desde que vive sólo.

Hablar con él se convierte en un ir y venir de pensamientos, de juegos psicológicos, de consejos entre amigos aún cuando se hayan visto por primera vez, con una especie de amor filial de segunda generación para quien el abuelo Sarusky aconseja sobre proyectos futuros a la imberbe periodista.

De la entrevista casi ni pudiera hablar, soberbia como su obra, sencilla como su personalidad, irónica como su vida, esquiva como puede parecer su carácter, única como pocas.

Hablamos de todo, de sus textos, opiniones sobre política cultural, sobre relación arte y política en Cuba, sobre las tendencias de la narrativa actual, de las superficialidades algunos mundillos literarios, del francés, de Lezama, de su interés por el alemán aunque nunca lo habló bien, de su imponente y barroca biblioteca dispersa por doquiera en la casa.

Incluso dialogamos sobre mí, con esa facilidad que tiene de revertir preguntas, hechos, “virar  la tortilla” y terminar en un análisis sobre frustrados objetivos en mi vida. “Nunca renuncies, antes de intentarlo”, me dijo más de una vez, con la mirada fija de esos ojos ya casi octogenarios, que no pude sentir como las de mi propio abuelo.

Horas y horas de intercambiar más que respuestas y preguntas, visiones similares por veces, encontradas por otras, de la cultura, la existencia, sobre mí y sobre él, porque aunque nos prediquen hasta el cansancio el ser periodista objetivo, con Sarusky hacerlo es imposible.

Mas, no pude evitar irme con una sensación tremenda de vacío y tristeza, no sé que cómo fue en su vida, no sé que suerte de karma y malas decisiones le habrán rodeado, ni siquiera que broma irónica le habrá jugado esta perra existencia, pero nadie, nadie y menos Jaime Sarusky merece la soledad que sentí en esa casa.

Quizás muchos me digan que le acompañan sus libros, sus familiares lejanos porque cercanos no tiene, sus amigos de peñas e intelectualidades, que le visita algún que otro representante de una institución literaria en busca de saldar desatenciones para aquellas personalidades que como él, poco a poco dejan de asistir a espacios públicos.

Pero nadie duerme en esa casa vacía cuando en horarios de la noche, la visión le falle y no pueda conversar con sus libros, cuando el silencio se convierta en lobo hambriento mordiendo la soledad del recinto, cuando en su tiernamente desordenado cuarto se apague la luz con la única respiración de su viejo cuerpo. Me dice que tiene sus ventajas, debe tenerlas si lo dice, o al menos quiere encontrarlas para así sentirse mejor.

Pero, parte de mi se ha quedado con él, en el pequeño apartamento de 21 y 24, en espera de algún día volverlo a ver y entregarle un manuscrito de mi primer libro de cuentos. Le he dicho que no renunciaré, que no sucumbiré a la premura de la vida periodística. Hoy quiero intentarlo, redactaré las primeras líneas, a Jaime Sarusky quizás diga en la portada, y cuando estén completas se las llevaré. Ojala no sea demasiado tarde.

 

 

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Acerca de Maycardentey
Semi nativa digital, pinareña por causalidad y no por casualidad. Irremediablemente zurda, virgo por antonomasia y convencida periodista.

2 Responses to Hoy quiero intentarlo

  1. tania says:

    Hola que tal¡

    Mi nombre es tania soy administradora de un directorio de webs/blogs, navegando por la red ví tu página y está muy buena, sería genial contar con tu site en mi sitio web y asi mis visitas puedan visitarlo tambien.

    Exitos, un beso

  2. Pingback: Las aventuras de Jaime Sarusky « Inicio

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