Cómo conversar en política

Foto: Kaloian Santos

Foto: Kaloian Santos

Hablar sobre política es casi tan o más difícil que hablar en un idioma extranjero. Cuando incursionamos en este último se nos perdona la ligereza y torpeza en el lenguaje no propio, si al menos nos hacemos entender. Si nos aventuramos en lo primero, no basta con la comprensión de las palabras; si el mensaje no es coherente, entonces se percibirá como superficies embadurnadas y sin respaldo en la realidad social.

Hablar de política sin ser politiquero se impone para la sociedad cubana toda, pueblo y decidores, especialmente tras 50 años, donde aparentemente se han escuchado todo tipo de afirmaciones y argumentos.

Y siempre recuerdo la idea de un querido profesor de la Facultad de Comunicación de La Habana, cuando decía: “los cubanos no podemos vivir sin política. Desayunamos política, almorzamos política… comemos política”. Pero, ¿cómo lo hacemos, de la manera más efectiva posible? El presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Raúl Castro Ruz dio una muestra recientemente en su discurso clausura de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Ahora se habla de asumir la agricultura como un tema de seguridad nacional, por el impulso que es capaz de brindarle a la economía; saber conversar entre las distintas generaciones y estamentos sociales y de poder sobre política, lo es en igual medida.

Bien se pueden cuestionar diferentes posturas de líderes, portavoces de organizaciones de masas, empresas, hasta otros eslabones menores en la escala social cubana, en cuánto, cuándo y cómo se habla de política, ya sea económica, social, cultural, educativa…

Sin contar siquiera la superficialidad de algunas intervenciones en espacios decidores o de intercambio popular, que parecen tener el guión prescrito, poco convincente, y superfluo, por demás.

No pocas veces se trata de una arenga monolítica de imposición, más que de intercambio e interacción de ideas para el mejoramiento de concepciones y praxis.

Mas ya Raúl abre los oídos a algunos que cierran bocas por decisión propia, y en no pocas veces adjudicadas a las famosas “circulares” de no brindar datos. “Es preciso poner sobre la mesa toda la información y los argumentos que fundamentan cada decisión, y de paso, suprimir el exceso de secretismo a que nos habituamos durante más de 50 años de cerco enemigo”.

Vivimos en una misma ideología, la revolucionaria, la socialista; pero no por ello nuestro discurso debe permanecer invariable durante 50 años y en los diferentes eslabones de la epidermis social cubana. El presidente ha hablado cómo tienen que hacerlo todos, y esperemos que de ahora en lo adelante, así sea.

“El teque”, “la labia”, “la burbuja”, nunca serán comunicación política, es necesario como dijera el General de Ejército, “movilizar el apoyo y la confianza de la población mediante el debate, sin ataduras a dogmas y esquemas inviables, que constituyen una barrera sicológica colosal, que es imprescindible desmontar”.

Por otra parte, no se puede asumir por igual a todos los interlocutores. Si hablamos con intelectuales, busquemos las explicaciones metafísicas sobre una solvencia económica socialista que está por definirse; si hablamos con el campesino, con el obrero, con el de a pie, embarrémonos de fango, crucemos la calle con él, con la mano en el hombro, para conversar sobre cómo tendremos más arroz, cuando sembremos más.

Debemos saber a quién le hablamos y cómo lo vamos a hacer, y ello es necesario perfeccionarlo por todos los que, de una u otra manera, son bandera verbal de esta nación, y para ello es necesario “desterrar definitivamente la mentira y el engaño de la conducta de los cuadros, de cualquier nivel”.

Discursos huecos solo los aguantan los papeles, como se dice popularmente. No se puede convencer a la gente, sobre lo que la gente vive día a día. Hablemos claro, con sinceridad, sin tapujos, incluso cuando mostremos futuros inciertos.

Intercambiemos sobre temas que preocupan a todos, y en muchas ocasiones permanecen mudos en las agendas mediáticas y del gobierno; a fin de cuentas se tergiversan y adaptan, y el rumor siempre será nuestro peor enemigo.

No hacer promesas sobre metas inalcanzables, sino pensar cómo construir positivamente lo que aún es incierto. Hacer comunicación política, es hablar con la gente sobre cómo preservar la Revolución, pero en los códigos pertinentes, porque de lo efectivos que seamos, dependerá la supervivencia de la misma a corto, mediano o largo plazos.

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Acerca de Maycardentey
Semi nativa digital, pinareña por causalidad y no por casualidad. Irremediablemente zurda, virgo por antonomasia y convencida periodista.

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