Hablar a tiempo (+fotos)

 

Foto: Osbel Concepción

Foto: Osbel Concepción

…la vida sólo es bella por el deber y por la casa.

!Todo lo demás engaña!

Y la misma casa engaña a veces,

y toma uno por oro puro lo que no lo es.. . !

Nunca se es más desconocedor de las realidades y problemas que cuando más cerca se encuentran. Y a veces, esas tristes veces sabemos apreciar el valor ajeno, apoyar en demasía al prójimo y descuidar el hogar.

Hay que andar consciente, por estos días de turbias y amenazantes modas, de guerras de cuartel entre jóvenes y adolescentes con el arma blanca como pretexto para saberse más hombres, o regalos fortuitos que mal sanan la vida sexual y la convierten en objeto de fama, popularidad y status social. No podemos desamparar a los nuestros.

No basta con creer que hablamos lo suficiente, aconsejamos lo necesario, e incluso con mostrarnos liberales acorde con la época que corre a la prisa de recordistas de 100 metros, sin darnos chance al respiro, a digerir las tendencias, o al menos saber cómo actuar mejor.

Nuestros hijos confían más en sus amigos que en nosotros mismos Foto: Osbel Concepción

Nuestros hijos confían más en sus amigos que en nosotros mismos Foto: Osbel Concepción

Ni siquiera podemos convencernos de que somos madres, padres, hermanos… comunicativos y comprensivos, créanme, muchas veces no lo sabemos todo, o ni siquiera nos podemos imaginar lo que pasa debajo de nuestras propias narices, en nuestros barrios, en nuestras casas, con nuestros seres queridos.

Hemos querido aflojar las riendas, darle a la prole las libertades que antaño no había, y hoy causan burla de las generaciones descendientes. No radica la solución aquí, tampoco se encuentra en ser obsesivos protectores y convertirnos en la sombra de nuestros hijos, hermanos, nietos.

No se trata de soltar las amarras al hogar, muchos menos de tensar nuevamente la soga y lograr por incapacidad de control, la asfixia de nuestros hijos; pero sí de prever, comunicar, y sobre todo saber.

Saber qué hacen hasta horas avanzadas de la noche, saber quiénes son sus amigos, saber dónde pasan su tiempo libre, cuáles son sus entrenemientos, conocer qué esperan de su vida futura, y tratar de ser su confidente.

Muchos pensamos erróneamente que nos los dicen todo, no es cierto, apenas sabemos un 10 por ciento, exactamente lo que ellos quieren que sepamos, o mejor aún lo necesario para evitar regaños, discusiones y disgustos familiares por haber obrado mal.

Nuestros hijos prefieren confiar en las amistades, esas que en no pocas ocasiones son los icebergs que hunden el barco, antes que en nosotros mismos. Debiéramos preguntarnos por qué.

Todos de alguna u otra  manera vivimos los conflictos emocionales propios de cada edad, pasamos por etapas de la vida donde los pequeños secretos eran divertidos y hasta más interesantes cuando estaban fuera de casa. Pero los tiempos cambian, y de inocentes mentirillas, enamorados a escondidas y besos furtivos de colegiales, hemos pasado a males mayores que definen el presente y el futuro de nuestros descendientes y de la sociedad toda.

Entonces descubrimos un día cualquiera por una fuente cualquiera, ojala fuera por ellos mismos, que formaron parte de una riña tumultuaria, que robaron en tal tienda, que se prostituyen por mejorar el status económico, o que no tienen otra aspiración a mediano o largo plazo que comprarse un camisa Lacoste o unas ballerinas Puma.

De nada vale las reprimendas, los castigos, los regaños y hasta el maltrato físico cuando el comportamiento no es el esperado. Algo no ha funcionado a lo largo del camino educacional, y no es la escuela, los grupos sociales, la sociedad, punto determinante más allá de su fuerte influencia.

Es en la familia donde nace todo y muere también, donde se gana y se pierde la batalla diaria, de siglos por el futuro de las nuevas generaciones. Aún cuando pensemos que  hemos hecho lo imposible podemos hacer más, si hemos fallado en la educación durante estos años, tratemos de enmendarla, no a retazos y gritos, sino con la comprensión y el conocimiento de que han sido fruto de nuestros propios errores y malas decisiones.

No cerremos las puertas cuando nos parezca intolerable alguna situación, y si nos cuesta tenerlas abiertas, al menos dejemos el espacio suficiente para cuando estén listos, den un empujón y decidan entrar. Hablemos en su idioma, de lo que quieren, de lo que anhelan y sabremos cómo hacer llegar mejor nuestro mensaje de amor, valores y ética para la vida.

Vivimos en una época que más que de escasez económica, padecemos de crisis de valores y se resquebraja la institucionalidad de la familia cubana toda. Reconstruyámosla, por nuestro bien y el de la nación.

Le decía entonces Martí a su hermana Amelia: “Hacerte sufrir, sería como estrujar con manos brutales un lirio. ¿Serás dichosa?-Porque para serlo es solo necesario-aun en medio de las tormentas más recias de la fortuna-sentirse amado, encalorado, acompañado, bien cuidado, bien envuelto por alguien.- Pero este bien no se tiene sino ocasionando otro semejante. Nadie se dará jamás -sino a quien se dé a él.-E irresistiblemente, cuando una criatura se siente con la dulce dueñez de otra, se vuelve a ella, como cordero a su madre, cuando llueve o nieva, y se refugia en ella”.

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Acerca de Maycardentey
Semi nativa digital, pinareña por causalidad y no por casualidad. Irremediablemente zurda, virgo por antonomasia y convencida periodista.

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