Mi abuela hubiera infartado

No podía dejar de pensar en mi abuela, cuando ayer veía el interesante y polémico documental de El clítoris y la sexualidad femenina (en su traducción del francés es El clítoris, ese amigo desconocido), propuesto por el programa Pasaje a lo desconocido.

No me imaginaba que diría si estuviera en sus cabales psicológicos, cuando viera en aguzado y sugestivo debate hablar a su conductor Reinaldo Taladrid, sobre mejores formas de lograr la erección y las diferencias entre eyaculación y orgasmo, o a Mariela Castro, directora del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), ilustrando las zonas erógenas para lograr mayor placer femenino.

Tan solo recuerdo, cuando en mis estudios secundarios, llegué a la casa con un par de preservativos, repartidos en la escuela por el famoso y ya perdido Carrito por la vida, diseñado para combatir las Infecciones de Transmisión Sexual (ITS). Los gritos de mi abuela inundaron el vecindario, “pero quién ha visto que le den a estos chiquillos cosas como estas en las escuelas, hay que ver que la sociedad está perdida”, decía de un lado para otro, con los causantes de tal escándalo a punto de ser “ripiados” literalmente, envueltos y vueltos a envolver, para terminar en la basura.

Por supuesto que mis explicaciones de nada valieron, cuando yo a ciencia cierta no sabía tampoco para que me los habían dado. Por aquel entonces, todavía con quinces años abundaban las mozas en las escuelas secundarias.

Mas, los tiempos han cambiado y con ello hablar sobre la sexualidad ya sea masculina o femenina, traspasa las fronteras de los prejuicios y tabúes, y ya se televisan como conversaciones frecuentes, a la par de cómo educar mejor a tus hijos, ya sea para ser buenos y estudiosos, como para asumir una sexualidad coherente con sus preferencias o personalidad.

Y es que aún con todos los pensamientos liberales y fuera de concepciones tradicionales y patriarcales, no dejó de ser todo un acontecimiento la recepción del programa ayer, en el hogar, donde tan solo cuatro años antes, era un drama el anuncio de mi pérdida de virginidad. Y que conste que era prácticamente récord para las estadísticas de mi generación, ya casi me podía considerar “mojigata”,  según los falsos criterios esgrimidos.

Resultó esta, el documental y el debate, una experiencia única. Por cada palabra de Mariela Castro, Taladrid, y del otro invitado, especialista del CENESEX, mis ojos miraban de refilón a mis padres que con una mueca de risa en el rostro, como ya la tenían los propios protagonistas televisivos, de seguro recordaban de cuando eran novios y la bisabuela materna colocaba una maceta en el medio para que apenas se miraran mientras veían en Silencio ha tenido que ser.

O qué de cuando tenían que salir acompañados de la chaperona, o cuando no llegar virgen al matrimonio era cosa de mujeres baratas y de mala clase.

No puedo siquiera imaginarme cuántos recuerdos y pensamientos tenían mis padres anoche, y es que hasta sonrieron con la ocurrente idea de Taladrid de denominar preservativos mentales a la técnica de la cultura Tao, asumidas por algunos asiáticos para controlar el momento de eyaculación.

No faltaron los comentarios referentes de posiciones feministas, otros no menos patriarcales; muchos, avanzados en cuanto a igualdad de oportunidades en el placer sexual; pero este sin duda ha sido uno de los programas más divertidos, controversiales, didácticos y educativos de los vistos en la televisión cubana.

Rompe con años de silencio para la sexualidad femenina. Muchos habrán aprendido con él, otros descubrirán en el umbral de la vejez partes desconocidas del tema, no pocos se escandalizarán con el abordaje de tales cuestiones en la televisión nacional. A mi me ha parecido bien, pero de seguro mi abuela de haberlo visto, hubiera infartado en el instante.

 

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Acerca de Maycardentey
Semi nativa digital, pinareña por causalidad y no por casualidad. Irremediablemente zurda, virgo por antonomasia y convencida periodista.

One Response to Mi abuela hubiera infartado

  1. Isa says:

    Mayra, los tiempos cambian, pero creo que lo mejor del mundo es hablar desprejuiciadamente de todo con los hijos, que no haya nada tabú pues la sexualidad debe ser disfrutada pero conociendo los riesgos de no protegerse, y de qué mejor forma que conversando una y mil veces.
    No pienses q solo tu abuela se infartaría, también mi madre si estuviera viva y hubiese visto ese programa, ha sido mucho tiempo sin tocar estos aspectos libremente y creo que no basta con todo lo que se hace, pues los enfermos de SIDA aumentan.
    Excelente tu comentario. Te felicito.

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