Oficio de herejes

Ser periodista no es fácil. Nadie puede imaginarse cuánto hay detrás de una simple noticia, de un párrafo, hasta de la más insignificante de las líneas.

No importa a veces lo que hagamos, siempre seremos los herejes. En la mayoría de las ocasiones “quedas mal” con alguien: con el pueblo que quiere verse reflejado en unos medios que no pocas veces le desconoce como la voz más importante; o aquellos con responsabilidad suficiente como para cuando se critica un sector determinado se sientan “heridos”, o “mal tratados”.

Hay veces que debemos, incluso, armarnos de fuertes corazas, capaces de resistir cualquier ventisca por diabólica que sea. No interesa qué hagamos, a dónde vayamos, siempre tenemos más ojos de los que quisiéramos puestos para lo que hacemos.

Los periodistas vivimos en un constante estrés, dividido, a mí entender, en tres etapas. La primera, la búsqueda de información. Llegar a las puertas adecuadas, capaces de abrirse ante el requerimiento de datos, y no desfallecer en el intento, aunque a veces, más de las que quisiéramos, hacen oídos sordos, negativas injustificadas; incluso el mismo pueblo, tan acostumbrado a callar cuestiones medulares de su interés, por el descrédito con que ha vivido la prensa durante mucho tiempo.

La segunda, la de la redacción. Cómo decir lo que realmente se tiene intención de decir; cómo redactar y superponer los elementos de manera que se entienda la idea tal cual se intenta trasmitir; evitar todo tipo de ambigüedad, ser exacto y preciso, aunque se lleve el látigo en la mano.

Y la tercera, la publicación. Cómo se recepciona el trabajo, se interpreta, si llega el mensaje querido, y sobre todo, qué repercusión tiene. En este sentido nos volvemos magos, siempre con cartas bajo la manga, ante posibles protestas de quienes se sienten aludidos, o criticados, posición esta frecuente en un país, adaptado a ver triunfalismo en su prensa. De tal manera que instituciones y decidores se sienten, en muchas ocasiones, con la obligación e intención de disponer de la política editorial del medio de comunicación.

Debemos, por si fuera poco, tratar y amoldar nuestros propios caracteres ante personas que no saben asumir una polémica y siempre escudan sus cuestionables comportamientos a que “el periódico se ensaña con ellos” y “no les propina una crítica constructiva”

Está también aquel resentido que no se ve en las páginas, o al menos tanto como quisiera; y los otros, que no les interesa para nada sentirse reflejados en ellas y como tal tratan indebidamente sus informaciones cual “datos estratégicos” o “secretos de Estado”.

Y qué de aquellos que con la envidia socialista no solo recelan el no aparecer en la prensa, sino la “buena ventura” o “complacencia” que adjudican a otros que sí se divulgan o lo hacen de mejor forma que ellos.

Tenemos que aguantar de todo, la negativa de una información, la adulación, querellas entre personas e instituciones que para nada nos interesan, polillas sociales que se carcomen entre sí y nos quieren, a la par, hacer cómplices de sus miserias humanas.

Este, es un oficio donde siempre alguien nos verá como herejes; somos trabajadores de lavandería, exponemos las ropas de esta sociedad a pleno sol, donde mejor se pueden ver la limpieza y las manchas. Hurgamos donde nadie quiere que vean, vemos lo que muchos intentan esconder con parches, y sacamos a la luz lo que pudiera avergonzar a muchos decidores y pueblo en general.

Ser periodista es un palpitar constante, son miradas reacias, problemas a la vuelta de la esquina que no importa donde te metas siempre te encuentran. Es vivir con la ingratitud de verte repudiado por los que “hieres” con tus escritos polémicos, y con la dicha de quienes te paran en media calle y te agradecen un artículo que los ha hecho meditar, pensar, adoptar decisiones sobre un problema, sentirse identificados, e incluso, saberse más cubanos.

Somos remendones netos, juntamos piezas, a veces irreconciliables, hacemos milagros, como cubanos al fin, y convertimos en noticia relevante, el más trivial de los hechos.

Ser periodista es como un blues, un interminable y exquisito blues, de esos que traen la nostalgia al alma con los recuerdos menos placenteros, pero de la misma manera te enciende la sangre, la bombea con fuerza al cerebro, te inunda de energía el cuerpo, y te lanza al camino nuevamente, ese que sabes interminable y lleno de vericuetos.

Nada importa, somos periodistas, ni siquiera podemos pensar algún día en renunciar a ello por libre espontaneidad, aunque adelgacemos de la preocupación, nos tilden de poco profesionales, aunque las miradas eviten cruzarse con la nuestra. Existen quienes apoyan, quienes creen que una Cuba otra, como en un periodismo otro es posible.

Siempre valdrá la pena, a pesar de todos los pesares, me creo  y siempre lo haré, la frase de María Teresa de Calcuta cuando decía: “a veces pensamos que lo que hacemos es una gota en el mar, pero el mar sería menos sin esa gota”. Entonces… me declaro hereje.

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Acerca de Maycardentey
Semi nativa digital, pinareña por causalidad y no por casualidad. Irremediablemente zurda, virgo por antonomasia y convencida periodista.

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