Sexo en tiempos de convenciones

Los tiempos cambian, también las personas, incluso, hasta las sutiles maneras de “echar una canita al aire”, o vivir días u noches de subrepticios juegos de amor.

Nuevas maneras: científicas, prácticas, metafísicas, pero al final de cuentas, muy carnales, hallan cabida en ese fenómeno que me gustaría llamar sexo de convenciones.

Y no se habla a la ligera, ni con ello se quisiera por momento desacreditar las magnas citas científicas, sino, como al calor de una vida rutinaria, monótona, o el simple deseo de aventura, se convierten en el momento y el espacio ideal para sucumbir o provocar las más inusitadas locuras amorosas.

Parece que el mundo tan racional por veces, se les escapa de marcos y tradicionalismos, y como en otra vida, asumen los roles que en la propia son incapaces de hacer.

Se olvidan de normas sociales, no hay quien para cuestionarlas; se olvidan de familia y calor de hogar, bien lejos corazón que no ve, no siente; asumen personalidades otras, en el día a día no podrían, demasiado “sacaditas del paso” para hacerlo.

Desafían creencias, sudan por los poros las sensaciones desesperadas de cambios de rutina, de momento, de sexo.

Más que sexo de convenciones, parece sexo sin convenciones, unas ansías tremendas de salirse del camino, exactamente trazado, de la vida de estos, que respiran por boquilla propia, al menos por un día, para luego irse, renovados, o con más ganas, a su mundo cotidiano.

Se unen provincias, naciones, gustos, preferencias, físicos, a veces ni siquiera media una atracción primera; carnadas y presas, en busca de lo diferente, de ese empujoncito que los ayude a seguir con su aburrida existencia, o al menos, en ese momento lo perciben así.

Ello sin contar, la lujuriosa idea de no tener que explicitar cada acto, hacer lo deseado sin pensar siquiera si es intrínsecamente pernicioso o falto de moral.

No se necesitan significados, explicaciones ni preámbulos. No hay edulcoraciones amorosas, promesas eternas ni males mayores, solo momentos de buenos revolcones y cuando más, la insistencia de alguna que otra llamada, que en la mayoría, no llega nunca.

Descomplejizar la vida se vuelve  la meta, y entre seminarios, talleres, ponencias, paneles, algunos, no todos, piensan como ponerle un poco más de sazón a estos encuentros científicos. Unos más evidentes, otros más escondidos, unos más a lo loco, otros más a lo zorro, unos por falta de afectos, otros por demasía…

Y cuando todo acaba, la página se cierra para siempre. Los correos anotados, la sábanas aún sudorosas, las miradas escondidas para los que se imaginan cosas no tan imaginadas, y la conciencia un tanto limpia, un tanto sucia, pero que con el tiempo nada queda.

Se vuelve a la vida, se le ve inclusive de otra manera, unos le valoran más o al menos de una manera más favorable,  otros le siguen viendo jodidamente aburrida. Se cuenta la experiencia, los “aportes científicos” ; y los prácticos, los íntimos, para la almohada.

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Acerca de Maycardentey
Semi nativa digital, pinareña por causalidad y no por casualidad. Irremediablemente zurda, virgo por antonomasia y convencida periodista.

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