Mi equipo de pelota

Pinar se embolsilló el campeonato, no se ha dicho y todos lo saben, lo hizo de un modo inoportuno y temerario. A pepe.

En nuestra serie, en la 50 serie, en la que hubieran querido ganar los Industriales, en la que al menos los comentaristas de la televisión habrían preferido que ganaran los Industriales, en la que Gourriel decepcionó, en la del adiós de los Metros, por fin, en la de todos y en la de ninguno: Pinar venció inobjetablemente.

A nadie en el foro exultante que es hoy Pinar del Río importa que la Comisión haya certificado su victoria, que Donald levante el trofeo en la tautología del gesto y tampoco que su tropita de peloteros guapos blasone sus metales frente a cámara. Pinar venció y basta. Volvió y fue millones un equipo armado poniendo parches. Devuelto de las cenizas, su efectivo teamwork glorificó a una generación de atrevidos. No hay remedios para sanar tanta historia.

No es broma. Salga a la calle y mire su gente, mejor observe los ojos de su gente, ábrase paso entre ella, desempolve un banco del Bosque, preste sentidos a su júbilo, permita que la gravedad lo deposite en el Museo, no se entretenga con los dinosaurios, demasiado inmóviles, métase en casa de alguien a la fuerza y no se excuse, lo entenderán.

La ciudad quiere estar patas arriba, le place que los de a pie la descoloquen a su andar, la subviertan desmesuramente, desautoricen la roja del semáforo. Aborde un coche sin temer a erogar los dos pesos, ni siquiera Majata le cobrará esta vez, súbase a una 4A y notará que sus paredes han sido bañadas de un verde intenso, si no lo consigue es que un trauma apenas reversible ha empañado su vista. No se apoque, su alma confronta algunos desajustes. Hay opciones no obstante: repita ¿Las ve verde ahora? ¿No? Usted ha muerto irremisiblemente.

Almuerce sobre la una y tanto en un boufé cualquiera, no importa, le hablarán de pelota hasta el delirio y confíese que no será estafado. La gentileza se deberá en mucho a que ahora no se tiene ojos más que para el performance de un equipo.

Pula sus espejuelos –hablando de ojos- cuando cruce la calle Real, la gente anda como loca rumbeando con las ollas, tamborileando las cazuelas, orinando de placer por no saber contenerse, por no querer.

Prosiga su paso por el malecón sin olas, va bien, pero siga sin desviarse, la gente se imagina hacia dónde va, le acompañará sin que se lo pida, aupará su viaje, armonizará su periplo con cánticos del alma, resucitará viejas pasiones al torcer la mirada hacia la casa de Linares, pero no hará caso, la nostalgia es mala consejera.

Sin embargo, aplaudirá a Lazo, don Tritón, rey de los Tsunamis y todo, antes de ser devorado por la universidad, ágora jamás soñado, la última plaza previa al Hotel. Si se lo permiten hágase parte del equipo, de lo contrario apóstese en los Amarillos, véalos desde la distancia, quizá sea mejor no electrizarlos con nuestra adrenalina sin causa, deje que esos loquitos heroicos hagan lo suyo y rece por que nunca, escuche bien, nunca lo expulsen de Pinar del Río.

Esta es una colaboración especial de Carlos Díaz. Facultad de Comunicación para QuovadisCuba

Anuncios

Acerca de Maycardentey
Semi nativa digital, pinareña por causalidad y no por casualidad. Irremediablemente zurda, virgo por antonomasia y convencida periodista.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: