Los cubanos y la cosa (+video)

Recordé por estos días la anécdota El niño y la cosa, historia de un infante que en su primera escuela no pudo recrear su imaginación, siempre le dijeron qué dibujar, cómo y con qué tonalidades; y aún cuando las flores pensadas por él eran más hermosas, le obligaron a colorear una roja con el tallo verde.

Cuando cambia de institución educativa, a una donde daban rienda suelta a la creación y originalidad, no so qué “cosa” hacer, y solo atinó a colorear, lo que por costumbre sabía: una flor roja con un tallo verde.

En Cuba, no pocos somos como ese niño, nos adaptamos a que nos dijeran qué hacer, cuándo y de qué manera. Desde pequeños, fue así, nos guiaron cómo hacer en la vida, sin tener en cuenta nuestras propias individualidades, e incluso nos trataron de enseñar… a ser.

Y cuando por un momento, queda en nuestras manos la asunción de posiciones y directivas propias, nos convertimos cual animales que los sueltan en nuevos senderos; pero en vez de explorar qué traen de bueno, e incluso de malo, nos volvemos de la cola, al camino conocido a casa, y nos amarramos como los domesticados a las antiguas costumbres.

La sociedad cubana, por ocasiones, en vez de ser desarrolladora es reproductiva… de ideologías, costumbres, valores, actitudes. Tratamos, en innumerables casos de homogeneizar el pensamiento y peor, en espera de las órdenes que nos orienten hasta la manera de asumir nuestras vidas. Y muy pocos se preguntan para qué y por qué.

Reproducimos no pocos asuntos, y de maneras insospechadas, hasta masivamente. Reproducimos médicos, informáticos, licenciados en artes, periodistas, pero lo hacemos mal. Somos fábricas ineficientes de tropas aburridamente parecidas, a las que les falta, en un parte nada desdeñable, la autonomía para generar proyectos e ideas creativas, y siempre, como los perros cuando suena la campana, esperamos con la baba afuera, las nuevas orientaciones y el premio por la buena actuación.

A lo largo de estos años no han conducido y nos hemos dejado conducir, que de culpa todos tenemos, como el niño en la escuela, que a pesar de tener ideas mejores, se adaptó a lo que le dijeron que debía hacer.

Y ahora cuando se descentralizan la economía, la toma de decisiones en las empresas, las mentes, no sabemos hacia dónde correr ante las nuevas posibilidades.

Incluso tan acostumbrados a callar criterios ante personas incapaces de tolerar la crítica, ahora cuando se nos pide no sabemos cómo implementar nuestras opiniones, generadoras de nuevos proyectos; y seguimos como los papagayos de siempre, expresando lo que otros nos dicen.

Cada persona es única, auténtica, por qué reproducirla en once millones. Intentamos igualar los pensamientos, imitarlos como campañas millonarias, solo nos faltaría el código de barras para ser toda una línea de artículos seriados, mentes reproductoras.

Por qué asumir los mismos mecanismos de dirección en todas las empresas, por qué esperar mandatos superiores por incompetencias del representante de la base, por qué querer implantar iguales mecanismos de control en todos los espacios. Pudiéramos enumerar más, desde el punto de vista social, económico, político y personal.

Debemos respetar la diversidad, la capacidad individual para la toma de decisiones, sea en el ámbito que sea, en el sector que sea, en el cargo que sea.

Es hora de vivir, por una buena vez, de la experiencia diaria, personal y colectiva y no de la reproducción continua, enemiga del diálogo y del progreso. Es hora de preguntarnos qué hacemos, para qué, y por qué, adónde queremos llegar, y cómo queremos hacerlo.

A veces, por otra, no tenemos las herramientas, las convicciones, no encontramos el camino de llevar adelante grandes proyectos, nos sentimos incompetentes, porque así nos han visto y hemos dejado que nos vean.

Es nuestro tiempo, de tener visiones propias, y hacer nuestra Revolución, especialmente los jóvenes, sin esperar siempre a que nos digan cómo construirla, continuarla, perfeccionarla. Poseer aspiraciones auténticas, ser creativos y únicos, sin que se nos confunda con inadaptados sociales.

Ojala y no pasen muchos años, y cada vez sean pocos los que, por incapacidad de crear y la costumbre de toda una vida, todavía dibujen flores rojas con el tallo verde.

 

 

 

 

 

 

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Acerca de Maycardentey
Semi nativa digital, pinareña por causalidad y no por casualidad. Irremediablemente zurda, virgo por antonomasia y convencida periodista.

2 Responses to Los cubanos y la cosa (+video)

  1. Santiago Morejón Echevarría. says:

    Maira soy corresponsal de Tele Pinar en La Palma estoy de acuerdo contigo es hora ya de acabar con el inmovilismo y la inercia en la que hemos vivido y hacer revolución esa que es cambio tranformación y no copia y calco.

  2. Alejandro Gonzalez says:

    Mayra, en tu propio texto encontrarás la respuesta de porqué lo que tú quieres no se conseguirá ahora en Cuba, cito: “ahora cuando se nos pide”, ¿te percatas? Nuevamente te ordenan. Ahora te piden que hables, luego te pedirán que te calles…… seguirás obedeciendo órdenes y no tendrás jamás autonomía.

    Alejandro González
    Secretario General
    Sindicato Solidadridad
    sindicatosolidaridad@yahoo.es

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