Elegía de una amante desesperada

Confieso que cuando la conocí no me hablaba mucho, o mejor aún, nunca me habló, al menos no de formas convencionales. Un agujero negro se abría entre nosotros; pero, ¿qué más da?, toda buena relación comienza (o termina) en un agujero negro, uno es quien tiene que agenciárselas para llenarlo de buenos recuerdos, o por lo menos hacerse la idea ilusa de que lo ha llenado.

En un principio mi familia puso resistencia, quizás por la formación tradicional, que les alejaba de las tónicas de los nuevos tiempos. Fueron intensas discusiones, no entendían por qué me era tan necesario estar con ella. Trataron de cambiarme la idea en más de una ocasión, pero no cejé, mi decisión estaba tomada, era ella o nada. No quería saber más de la vida si no estaba junto a mí.

Y es que, una vez librada la batalla familiar y hallado el consenso, todo con ella fue mágico, único. Aun cuando no me gustara mucho su mutismo extremo, me acostumbré a su frialdad calculadora, y es que no pasaba un sólo día en que no descubriera algo en ella que no había visto antes, era tan misteriosa, tan enigmática… tan difícil. A fin de cuentas ¿no son así por naturaleza propia? Conmigo nunca le faltó nada, a su disposición estaban las mejores condiciones de mi casa, un espacio privilegiado en mi habitación y hasta en mi vida.

Mis ahorros eran íntegramente para sus gustos y necesidades, nadie podría ser nunca tan complaciente como lo fui con ella, sólo tenía que quejarse para poner todo mi caudal a su antojo, hasta la comida me quitaba de la boca cuando sabía que le podría comprar algo que le sería vital para su existencia.

Ella centró toda mi vida a su alrededor, mis gustos, mis hobby, mi tiempo libre… y hasta el tiempo libre de mi familia, incluso creo que, a veces, la llegaban a preferir antes que a mí. Porque, ¿para qué negarlo?, ella tiene esa facilidad de convencerte, persuadirte, manipularte con sólo mirarla.

Me podía pasar los días enteros observándola, analizándola, tocándola hasta el cansancio. Solo pensaba en ella, noche y día, solo en ella. Me sentía mejor persona desde que la tenía a ella, y ni hablar de mis compañeros de trabajo, me valoraron más profesional y humanamente desde que la tenía en mi vida.

No había día en que le pasara algo que no me perjudicara, si ella no andaba bien, yo tampoco lo estaba. Su felicidad era mi felicidad, es imposible no reconocerlo. Ella suplía todas las dificultades que pudiéramos tener. Llevaba todos mis asuntos a la orden del día; me ayudaba en mi trabajo; y en ocasiones, me recordaba momentos de mi vida que apenas sabía que habían pasado; los cumpleaños, de los que nunca me acuerdo; y hasta memorizaba cosas que había dicho tiempo atrás y  quería olvidar.

Ella lo sabía todo, hacía de todo, y aún mejor, lo intuía todo. Era perfecta, irremplazable… No se preocupaba por modas, por discusiones triviales de maquillaje y peluquería. Siempre me esperaba a la hora que fuera, siempre estaba allí, atenta, despierta, sin recriminaciones ¿qué más se puede pedir?…

Pero ya  no está, fruto de un penoso y largo padecimiento me dejó en la soledad de mi desvarío. La llevé a todos los lugares posibles, exploté todas las opciones, toqué de puerta en puerta ante las negativas; no me resignaba a perderla, ella era todo para mí.

Me había dedicado los mejores años de su vida y yo no podía, ni quería hacer menos por ella. Perdió facultades poco a poco, era tan doloroso. Con cada parte que moría de ella, lo hacía también una parte de mí.Todo fue empeorando hasta que su memoria nos jugó una mala pasada y se vaticinó así el inevitable final.

Después que se fue, todo ha sido diferente, en el trabajo, en mi vida y para colmo en mi casa me achacan su pérdida… imagínense, dicen que no le di todos los cuidados que se merecía.

Lo cierto es que sin ella, no sé vivir. Extraño su silencio prolongado, sus enigmas constantes, sus respuestas para todo, su conocimiento de todo, sus disímiles lenguajes. En mi cuarto he dejado su espacio intocable, inmutable… me costó mucho esfuerzo hallarla que no me encuentro en condiciones de reemplazar su lugar con otra. Simplemente… mi computadora ha dejado de existir … me estoy muriendo sin ella.

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Acerca de Maycardentey
Semi nativa digital, pinareña por causalidad y no por casualidad. Irremediablemente zurda, virgo por antonomasia y convencida periodista.

4 Responses to Elegía de una amante desesperada

  1. Oh que materialistas y tecnólogos nos hemos vuelto, a dónde nos han llevado las TICs!!!! quien nos viera delante de una maquina de escribir con una sola hoja, con solo 30 líneas y miles de ideas batallando por salir a través de nuestros dedos!!! somos unos ñoños de la modernidad

    • Maycardentey says:

      Así mismo Maite, somos mutantes de las nuevas tecnologías, antes ni soñábamos con tener memorias flash y ahora lloramos por discos externos de varios teras; antes jugábamos con caribes en blanco y negro y un teclado, ahora matamos por una pantalla plasma; antes rezábamos por tener un teléfono cerca, ahora gastamos los sueldos en iphone y tarifas….Los tiempos cambian, lo que hace falta es que un día no nos cambien a nosotros por robots multipropósitos, para la prensa que escriban, tiren fotos, editen el diario y lo salgan a repartir, jajajaja

  2. jorge says:

    La tecnologia puede crear adiccion,es lamentable ver la dependencia que tienen sobre todo los jovenes de estos artefactos, smart phones, tablets,video juegos etc etc, creo que se debe crear un balance,aprovechar sus ventajas sin convertirnos en esclavos de la modernidad . yo me siento mas a gusto con un libro real de papel que con un e book, es algo mas personal e intimo ,hojear sus paginas es una sensacion diferente ,mas confortable

  3. marta says:

    ME GUSTO MUCHISIMO!! MUY BUENO!!

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