¿Qué pasó, Pablito? (+videos)

El que nació en el Caribe,
goza de una facultad,
al sentir su libertad,
se identifica y la vive,
al cambiar la que lo que inhibe,
por su mar, por su palmera,
una eterna primavera,
o un sol que nutre su piel,
va sintiendo que no es él
y pierde hasta su bandera.
Amo esta Isla. Pablo Milanés

Mis recuerdos de adolescencia fueron con sus canciones, me enamoré la primera vez con El breve espacio en que no estás, en una de esas aventuras de púbera idiotizada por uno tan infantil como ella.

Casi de memoria me aprendí sus temas, y todavía un póster de Silvio Rodríguez, Noel Nicola y Pablo Milanés, adornan la despintada pared de mi cuarto, en un intento tal vez por no dejar pasar del todo, “aquella edad”.

Casi todos sus discos los tengo, prácticamente soy una coleccionista de sus canciones, y algunos, rallados de tanto poner una y otra vez. Amé a través de ellos, viví mi vida a través de ellos, y creo que hasta cierto punto he sido mejor persona desde que los escuché por primera vez.

Siempre pensé que no podía dejar este mundo, sin estar en un concierto de Silvio, Los Van Van y Pablito. Los dos primeros sueños, los cumplí por partida doble, triple, ya ni me acuerdo, en mis años de estudiante en la Universidad de La Habana. El último apenas, unos meses atrás, cuando Milanés luego de más de 20 años sin cantar en Pinar del Río, ni en muchas provincias del país, llegara a tierras vueltabajeras como parte de una gira nacional.

Me acuerdo que aquel día, comenzó su esperado y promocionado concierto con apenas 50 personas. La celebración de la sub-serie de béisbol Pinar-Santiago le robó buena parte de la audiencia, unido con un cambio de horario que él mismo estableció y de, lo que después entendería con el tiempo, una pérdida de seguidores en la más occidental de las provincias.

Pero a pesar de ello, poco a poco se llenó hasta rozar un público adecuado, no el que se merecía pero sí lo suficiente para despellejarnos las manos aplaudiendo su espectáculo.

Recuerdo más, recuerdo haber escrito un post La dignidad de Pablo Milanes, una muestra de afecto de esta eterna, y en el buen término, fanática de su obra, que a pesar de los comentarios de generaciones precedentes, consideró este, su primer concierto de ver a Pablo en vivo, como uno de los mejores momentos de toda su corta existencia.

No me interesaron los comentarios “ya Pablito no es el mismo”, “no fue uno de sus mejores conciertos”, “ya no canta más a menudo al pueblo como lo hacía en su etapa inicial”. Para mi fue genial, a pesar de los pesares.

Y, como seguidora, y también aprovechando la cobertura de mi profesión de periodista, acudí presurosa una vez terminada la presentación en busca de las ansiada entrevista.

Antes, se había anunciado el preámbulo de lo que sucedería, pero yo me resistí a pensar que ni remotamente pasaría algo como eso. Desde nuestra llegada, colegas de todos los medios, aclamamos una y otra vez algunas alocuciones de Pablo, y yo preparaba unas cuantas preguntas sobre Palabras a los intelectuales para un reportaje que ultimaba por los 50 años del discurso.

¿La respuesta de Pablo?: la ignorancia total, un endemoniado equipo de representantes, asistentes personales, guardaespaldas, técnicos, se interponían entre él y nosotros. Sentado en su silla, con la mirada un tanto seria, (¿habrá sido por la poca audiencia?), ni nos prestó atención.

Una vez concluida su actuación, varias generaciones le esperaron a la salida del escenario: padres que llevaron a sus hijos a escuchar en vivo al cantante de sus amores adolescentes, latinoamericanos que vinieron a comprobar la fama del trovador, pequeños que descubrían la belleza de su lírica, y esta ilusa periodista que esperaba una palabras de Pablo para su reportaje.

No hizo menos que lo que se vaticinó, escoltado como las multimediáticas estrellas hollywoodenses, fue hasta su Van negra de cristales oscuros. No saludó, no autografió ni el más minúsculo de los recuerdos, no extendió la mano a una pequeña que con su abuela se inmoló en la multitud de gente que le esperaba. Dejó literalmente las cámaras de video encendidas en vano, las reproductoras reporteriles grabando solo los gritos de la personas aclamando su atención, los flash apagados y sin la foto que enseñar a los nietos.

Y a pesar de todo le dediqué uno de mis más sentidos post, le puse el alma, el corazón, le soñé tanto que quizás al final, viví la idea que me fabriqué, y no la escena que viví.

Ahora, con tremendo pesar leo sus declaraciones, su carta abierta, sus expresiones ambiguas de revolucionario ¿de izquierdas?, que fustiga las libertades de expresión en Cuba, pero no asume de manera asertiva y respetuosa la crítica hecha a su persona; que dice manifestarse con la libertad que requieren sus principios y sin embargo renuncia, por conveniencia, a cantar Amo esta Isla y Para vivir en su última presentación en Miami.

En su concierto en la ciudad norteamericana, sin dudar de su actuación, solo fueron 3 mil personas de un estadio con capacidad para 5 800. ¿Habrá pasado lo mismo que en Pinar del Río? ¿Por qué tanto dentro como fuera del país, asistieron menos del número planeado a las presentaciones de uno de los cantantes que más público aglutinaba en Latinoamérica?

Creo en la máxima de expresar libremente las ideas, esa que yo, desde mi modesta profesión, a la que tanto ataca Pablito, asumo EN CUBA, e incluso a favor de unir a los cubanos, como hace poco intenté hacer con mí artículo Jóvenes y emigración: ¿Cuba somos todos?

Pero, ¿qué pasó, Pablito? Ni siquiera remotamente esa es la forma que esperé siempre de ti. Y como yo muchos de los de adentro, de los que ya casi ni disfrutamos de tus conciertos, por lo esporádica de tus  visitas a la Isla, leemos con dolor tus palabras.

Toda obra humana es perfectible, querido Pablo, la Revolución cubana
no está exenta de ello, pero tratar de perfeccionarla se hace por
caminos con sinusoides, con montañas altas y barrancos insondables,
se hace en el fragor de la batalla diaria, de la subsistencia, de las
ansías de un país mejor, y hasta de las necesidades.

¿Por qué si amas tanto a esta Isla, renuncias a interpretar canciones que la catapultaron a la fama? ¿Por qué si naciste de esta gente, te niegas a, al menos, saludar a los que te hicieron lo que eres hoy, a los que te apoyaron cuando tan solo eras un trovador del Oriente cubano, a los que corearon tus canciones tanto y tanto que obligaron al mundo a conocer de tu existencia?

¿Qué pasó con el Pablito que cantó “yo me quedo con todas esas cosas, pequeñas, silenciosas, con esas yo me quedo”? ¿Si te gusta, entonces sumar, por qué no cantas más a menudo en Cuba, por qué no te bajas más de tu Van a saludar a tu pueblo, ese que como mismo dices, te otorgó los méritos que posees? ¿Por qué no vives un poco en los arrabales para entender más a tu país?

Pablito, “hoy estás, quizás más lejos”, pero mientras, me quedo con tus canciones, mi póster seguirá en la despintada pared de mi cuarto, mis discos sonarán hasta el cansancio y los videos de mi youtube, me recordarán al Pablito que siempre quise, al Pablito que solo vive en mi imaginación, a ese que a pesar de todo, me enseñó la magia de mi primer beso de amor.

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Acerca de Maycardentey
Semi nativa digital, pinareña por causalidad y no por casualidad. Irremediablemente zurda, virgo por antonomasia y convencida periodista.

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