Masculinidades en jóvenes: De vikingos a metrosexuales…(+fotos y tablas)

“Sé hombre”, “no llores”, “no tengas miedo”, “no muestres debilidad”, “no te dejes dominar por las mujeres”, “no seas homosexual”, se escucha una y otra vez, por décadas, por siglos, de legitimación del modelo de “macho, varón, masculino” tradicional.

Hoy Cuba percibe aires de cambio, aunque sutiles y a la vez in crescendo, del patrón de masculinidad hegemónica ancestralmente reconocido y modificado por otras maneras de asumir las relaciones intergénero.

Según estudiosos del tema pertenecientes a la Red Iberoamericana de Masculinidades, los avances de las mujeres en la igualdad de oportunidades y derechos, la reconformación del universo familiar, la redefinición del ámbito laboral para ambos sexos y los diversos posicionamientos sobre identidades sexuales, traen a la palestra repensar las virilidades, como las diferentes vías por las cuales posesionarse los hombres en su identidad de género.

Una muestra de estas transformaciones se percibe en estos días en el comportamiento de muchos jóvenes que incorporan desde temprana edad concepciones de género. Pero, a pesar de ello, cohabitan aún, fuertes creencias y actitudes patriarcales, tanto de muchachos como muchachas, que impiden una mayor convivencia con otros tipos de masculinidades que las usualmente representadas.

Con 40 jóvenes entre 18 y 35 años, de ambos sexos, diferentes zonas residenciales, estudios escolares, identidades sexuales y formaciones psicofamiliares… conversamos debatir sobre el tema de qué es ser hombre hoy día.

Ser hombres… ¿problema de hombres?

Aun cuando hace décadas el mundo dialoga sobre la llamada “crisis de la masculinidad hegemónica”, es decir, aquella estipulada por generaciones para el “correcto comportamiento varonil”, en Cuba no puede considerarse aún un aspecto mayoritario dentro del debate público.

En el país, especialmente en Pinar del Río, con una preponderancia de la zona rural y, por tanto, de fuertes convicciones tradicionalistas, la educación de los hijos tiene todavía características sexistas en la diferenciación de roles, desde los colores para las ropas de los infantes, hasta los juegos y comportamientos en edades ulteriores. Todo ello referenciado claramente en nuestro grupo de entrevistados.

A los niños se les depara el papel de “no llorar”, “defenderse a toda costa”, “ser duros, machos”, mientras para las chicas les queda el de ser procreadora, “flor bella y delicada”, dueñas de los quehaceres domésticos.

Pero estos dogmas y actitudes aprehendidos han influido tanto en hombres como mujeres, siendo a veces estas últimas, como demuestran investigaciones recientes, quienes se encargan de transmitir estos patrones machistas de generación en generación. De ello fue muestra, en varios acápites, el cuestionario aplicado.

Cerca del 50 por ciento de los jóvenes varones encuestados admitieron estar cómodos en la mayoría de las ocasiones, con el rol que se les ha otorgado como paradigma de la estructura patriarcal, aunque flexibilizan criterios en papeles tradicionales con los que no están de acuerdo, como el ser padres, proveedores económicos y compartidores de las tareas del hogar.

Por otra parte y sorprendentemente, más del 50 por ciento de las chicas entrevistadas, coinciden con algunas características otorgadas a los hombres como las de principal sostén de la casa, encargado de las “tareas duras”, de la protección del hogar, decidor, mediador y solucionador de los conflictos y guía de la relación.

De aquí, que, a pesar de reconocer hoy en la sociedad disímiles maneras de asumir la masculinidad por los jóvenes, tanto en formas de vestir, cumplimiento de responsabilidades domésticas, proyección física y espiritual, asunción de preferencias sexuales, estéticas y culturales…, prevalece la construcción androcéntrica de colocar al varón en el eje de todo.

Con dinero y sin dinero… ¿sigo siendo el rey?

Uno de los principales vericuetos que entorpece las relaciones entre géneros y la asunción de diferentes masculinidades, es el tema de la distribución del trabajo y la dependencia monetaria entre hombres y mujeres.

Más del 65 por ciento de los consultados, con equitativa proporción entre hombres y mujeres, convinieron en estar “más a gusto” con dirigentes masculinos que con femeninas. Adjetivos como “más fuertes”, “decididos”, y que “logran implantar mayor respeto”, “ejercen mayor autoridad” fueron expresiones esgrimidas de manera claramente tradicionalista a favor de los primeros.

“Mano blanda”, “a veces demasiado extremistas con tal de hacerse respetar”, “más débiles”, conformaron parte de los cuestionamientos en contra de las féminas, muchos de estos puestos en el tapete, contradictoriamente, por las de su mismo género

Aún cuando las estadísticas muestran una creciente ocupación laboral en las féminas equiparada con la de los hombres, y a su vez con una mayor instrucción de estas a medida que aumentan los años de trabajo, se continúa delegando en el sexo masculino, incluso por las muchachas jóvenes, el papel de principal proveedor económico del hogar y la pareja. Datos de la Oficina Nacional de Estadísticas

En otro aspecto, en el plano de las relaciones de dependencia y/o equidad económica en la pareja, cerca del 90 por ciento de los encuestados masculinos reconocieron sentirse “incómodos” cuando la mujer corre con todos los gastos.

Hoy día aunque se asume con más asiduidad el pago a la “americana” (que cada parte abone su consumo o que paguen en dependencia del caudal poseído por cada cual en el momento en cuestión), es muy poco común que los chicos permitan que su acompañante corra con todos los pagos, es una manera de traicionar su virilidad.

Incluso cuando esto sucede, la muchacha “le pasa” el dinero al chico, para que al menos, “de cara a los demás”, parezca que es él quien paga.

Pero, por si esto fuera poco, las propias mujeres ayudan a afianzar este rol. El 67 por ciento de las entrevistadas reconocen que se sienten seguras y protegidas si tienen de compañero a hombres con una mayor solvencia económica que ellas.

“Nadie puede estar conmigo de gratis”, “puedo ayudar con dinero, podemos compartir gastos, pero no mantengo a ningún hombre” fueron algunos de los criterios, y so pena de lo que se pudiera pensar provinieron de féminas de diferentes niveles escolares y socioeconómicos.
Para ambos géneros, los hombres que asumen estas posturas son catalogados como “chulos” o “mantenidos”. Se le otorga de manera tradicional y machista, el papel de principal proveedor de la casa y la pareja al hombre, con el cual, la mayoría de los interpelados están conformes o al menos, acostumbrados.

De ayudantes en casa a bacanes de la vida…

La gran mayoría de los consultados coincide en que ambas partes deben colaborar con las tareas del hogar, mas el desempeño rector en las mismas todavía se otorga a la mujer.

Muchos jóvenes aún ven con reticencia el compartir las tareas del hogar, y en caso de hacerlo, prefieren no ser vistos, pues le resta en su rol estereotipado de “macho, masculino”

Con mayor prevalencia en los jóvenes por encima de los 30 años, se definieron criterios tales como “los hombres pueden auxiliar”, pero “ellas siguen con el mayor peso en las labores domésticas”. Estos criterios lo confirman las propias muchachas, “ellos ayudan, pero no lo hacen igual que nosotras. Prefiero después de todo, hacer las cosas yo, para no ir detrás arreglando lo que hizo”.

Todavía existe en la población, incluso los más jóvenes, el estigma de que el hombre “es torpe” para los quehaceres del hogar.

En este sentido, aún predominan en los jóvenes las diferenciaciones en cuanto a las tareas que cada género puede y debe emprender en el hogar: las muchachas para las de higiene y los muchachos para el mantenimiento de la infraestructura.
Masculinidad y proyección sexual…

Para los hombres, especialmente los más jóvenes, la sexualidad es un elemento que potencia su personalidad y virilidad, y a la vez un aspecto de sufrimiento y agonía, al “no desempeñar bien su papel”. Y aun cuando todavía en la actualidad ejerce un peso fundamental en las relaciones de pareja y en la afirmación de “macho”, se percibe en los más jóvenes una experimentación de acciones de mayor riqueza espiritual en su vida íntima.

De ahí que no solo se tomen posturas más sensibles y variadas en los roles de pareja, sino que en la proyección estética se asuman apariencias que antes estaban permitidas solo a mujeres, sin que esto signifique un cuestionamiento de su masculinidad, o al menos la tradicionalmente concebida.

Por ello encontramos en el cuestionario, tanto a los que se denominan a sí mismos “vikingos” (como atributo a la cultura ancestral, con un fuerte arraigo del macho tradicional, bárbaro, poderoso, fuerte, sojuzgador), hasta los que admiten clasificaciones varias, heterogéneas, flexibles, inclusivas hasta llegar al metrosexual; todo muestra de las diversas masculinidades que vive la sociedad pinareña hoy.

Para los jóvenes encuestados, y como paso de avance, la expresión de sentimientos no se traduce en debilidad, y el llorar o mostrar miedo deja de ser tabú para reconocerse hombres.

Así mismo dentro de estos muchachos y muchachas, a pesar de que no hay una aceptación convencida de la homosexualidad, y solo una tolerancia tácita de la misma, hay una tendencia cada vez mayor a no asociar el hecho “necesariamente” con la pérdida del status de varón.

Igualmente homosexuales presentes en la encuesta afirman que su identidad sexual no es ser mujer o acercarse al mundo femenino, “es otra manera de construir masculinidad sin que por esto dejemos de ser hombres”.

Un nuevo hombre…varias masculinidades.

En sentido general, aún cuando se observan pasos de avances en la construcción y proyección de masculinidades en el territorio, todavía existe en Pinar del Río, un patrón monolítico, al menos entre los entrevistados, sobre cómo asumir el “ser hombre”, a partir de roles otorgados recurrentemente.

Constatado el hecho en las actividades asociadas a las relaciones laborales, económicas y domésticas entre hombres y  mujeres, son estas últimas, como tendencia, las portadoras de los criterios más tradicionales.

Pero, poco a poco, en las nuevas generaciones entre los 18 y 25 años, afloran otras formas de asumir la identidad genérica masculina, más allá del único paradigma androcéntrico estipulado en la sociedad por centurias.

Los chicos y chicas de estas edades, conviven con diversas maneras de expresar lo masculino sin asumir los usuales esquemas de “macho, varón”. Lo que ha empezado por transgredir elementos de la moda, con símbolos usualmente destinados solo para mujeres, se convierte ya en incorporar sentimientos, conductas, actitudes, múltiples y variadas, sin que se les discrimine.

Los jóvenes paulatinamente dejan de “vivir a la antigua” y echan a un lado el asumir una masculinidad impuesta, estricta e intolerante; se dan cuenta de la necesidad de compartir el poder, de considerar su “hombría” desde otras representaciones más humanas y redentoras.

Se habla hoy de hallar a un nuevo hombre, a varios nuevos hombres, con diversas masculinidades, pero también hay que hallar nuevas mujeres. Hallar, en fin, una nueva sociedad donde compartir las tareas del hogar, la crianza de los hijos, los ámbitos laborales, los nexos económicos, las relaciones amorosas…sean puentes entre géneros, y no motivos de exclusión y dependencia.

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Acerca de Maycardentey
Semi nativa digital, pinareña por causalidad y no por casualidad. Irremediablemente zurda, virgo por antonomasia y convencida periodista.

5 Responses to Masculinidades en jóvenes: De vikingos a metrosexuales…(+fotos y tablas)

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    Suerte y Feliz fin de año….

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    Alejandro Contreras

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