Amor a los 50 ¿por qué no?

Desde pequeños todos sueñan con “el amor para toda la vida”. El mito forma parte del folklore de los sentimientos junto con la incesante búsqueda de “la otra mitad”, la “media naranja”, la persona que jurará estar juntos “hasta que la  muerte los separe”.

En busca del hombre y la mujer de la vida de cada cual andan muchos, con fracasos, desaciertos, amores y desamores, con concepciones exclusivas del mayor de los sentimientos y sin saber a ciencia cierta qué tipo de persona buscan, cómo han aprendido a ser parejas, para qué relación están preparados y cuánto están dispuestos a dar por la misma.

Claudia y Juan Luis tienen 20 años de casados, son una pareja feliz; Luisa y Félix llevan 24, no lo son, saben que están unidos más por sus hijos y por una casa que no quieren dividir; Ramón y Julia se han divorciado luego de tres décadas juntos, él ya tiene nueva relación, ella se aferra a su soledad; Mary y Carlos se han unido en su tercer matrimonio, quieren la oportunidad de una vida nueva, sosegada por la mediana edad. Todos, tienen alrededor de 50 y algunos años…todos viven historias de amor diferentes.

20 años no es nada… ¿seguro?

El amor no ha sido siempre como hoy lo conocemos, ha mutado en los distintos períodos, se reinventa a si mismo en cualquier etapa o edad. Depende de factores culturales, legales, sociales, económicos, incluso en nuestros días lleva consigo renovadores diálogos de libertad sexual y conyugal que producen impacto en su concepción y en la relación de pareja.

Aunque exista el proverbio de que el amor no tiene edad, a los 50 necesita de nuevos mecanismos y oxigenación constante. Cuestiones biológicas condicionan las relaciones íntimas, los años de relación y los vínculos familiares amenazan a cada instante la vida matrimonial, se delegan la satisfacción de deseos sexuales y el aburrimiento asoma a la ventana y lo confunde todo.

Para Claudia y Juan Luis no ha sido fácil, pero parecen salir victoriosos de sus primeros 20 años juntos. “La cuestión está en solucionar conflictos de manera dialogante, no dejar que el tedio aparezca y tener espacio para todo, tanto para ser padres, hijos como esposos y amantes”.

Los detalles no se pueden perder en el día a día de la relación. No se puede dar por sentado, que la pareja estará junto a nosotros toda la vida. Fotos: Osbel Concepción Padrón

No puede seguir midiéndose la relación en términos de estabilidad, de cómo sobrevive y dura en el tiempo, sino en cómo se disfruta. Debe existir buena comunicación, intimidad, inversión de esfuerzos para negociar, ver los puntos en común y poner en planos superiores la felicidad y el desarrollo individual sin que signifique una nulidad del proyecto de relación.

“En realidad el proceso de aprender a amar y a convertirse en parte de un nosotros sin destruirse, es un proyecto a largo plazo”, explica Patricia Ares en su libro Psicología y familia.

Luisa y Félix, en cambio no son una relación auténtica. Están juntos pero no sienten amor el uno por el otro; solo la costumbre, los hijos y una situación económica marcada a nivel de nación les hacen mantener el vínculo.

No se dieron cuenta a tiempo que la relación de pareja no es un hecho estático, de que en su transcurso cambia la percepción del otro y se reacomodan las expectativas. La mayoría de los autores estudiosos del tema hacen hincapié en el hecho de que las continuas evoluciones exigen un reajuste constante, movilidad psicológica y asimilación de los cambios. De ahí que se plantee que las relaciones potencialmente están propensas a vivir una crisis ante cada etapa nueva, según explica Ares.

Luisa y Félix viven lo que la Master en Psicología clínica Katia María Pérez Pacheco, denomina proceso de naturalización. “Las personas de estas edades que llegan con una larga historia de pareja, corren el riesgo de caer en el acostumbramiento, en lo cotidiano, de manera que es difícil romper con esa familiaridad. Todo lo vemos natural, es normal que ya no me emocione cuando llegas, lo que me dices, que comas en un lado y yo en otro, que los hijos duerman con nosotros y no importe nuestra vida sexual.

“Esto amputa las alas al sentimiento amoroso que todos los días, de una u otra manera, debe renovarse. Es un fenómeno frecuente. Si la pareja no es cuidadosa, no dialogan constantemente sobre sí mismos y buscan alternativas, entonces las posibilidades para que la relación sea monótona, rutinaria, fría, son mayores que si se intenta tener, diariamente, nuevas emociones en los vínculos conyugales”, agrega Pérez Pacheco.

¿Volver a empezar?

Cuba tiene el índice de divorcio más alto de América Latina, y casi se triplicó en las últimas décadas. También posee una elevada incidencia en segundas y terceras uniones.

Las estadísticas de años recientes señalan que uno de cada tres matrimonios termina en divorcio, en una proporción que alcanzó en el 2010, 65 por cada 100. Todo ello sin contar las separaciones que quedan fuera de las leyes como parte de la búsqueda de innovaciones y alternativas al matrimonio tradicional, como las uniones consensuales, uniones visitantes, separación de domicilios, entre otras.

Ramón y Julia entran en los números. Se divorciaron luego de 25 años de casados. Él ya inició una nueva relación con alguien más joven; ella no lo logra aún, tiene una horrible frustración y se acostumbra a su soledad.

Aunque el divorcio no es la solución y debe pensarse bien el matrimonio, una ruptura no es sinónimo de que se falló en el intento de amar. Más que fracasos suman aprendizajes, y las personas se conocen mejor y saben qué quieren y necesitan.

“Las decisiones que toman el adolescente, el joven, el adulto joven de reconstruirse, de reestructurarse con inmediatez, no son iguales a las de una persona de 50. Mientras el individuo madura y se consolida, se resiste más al cambio”, apunta Pérez Pacheco.

“Existen temores al fracaso, incluso los desempeños cambian, las exigencias de la pareja también. La mujer de 50 años, su autoimagen, autoconcepto como mujer, eróticamente hablando, ya no es el mismo que cuando tenía 15 o 25”, sostiene la especialista.

Una pareja que se separa con 50 y decide recomenzar, es a través de un grupo de exigencias de con quién recomienzo y cómo traigo esa historia a mi vida familiar actual. Pero detrás de todo hay también posturas machistas.

“Hay estudios muy interesantes de la soledad con este enfoque de género, donde se ha visto que para el adulto mayor, una vez que enviuda o se separa, le es muy difícil reconstruirse como pareja; pero le es más sobrevivir en soledad, está desprovisto de herramientas para afrontar la cotidianidad. Suele necesitar de una compañía, y busca unas muletas que no siempre están determinadas por un sentimiento amoroso, ni siquiera por una atracción suficiente”, enfatiza Pérez Pacheco

“La mujer, no. Es más independiente, y ello unido a un sentimiento de pérdida, le impide recomenzar historias”.

Para todos no es igual. Mari y Carlos andan juntos por el tercer matrimonio, o más bien unión consensual. Ellos defienden la idea de que, con la experiencia de los años, la concepción de la “media naranja” debe quedar atrás. El amor no es, a ninguna edad, la sujeción a otro que complementa las carencias.

“Podemos compartir la vida con los otros como seres completos y dejaremos de buscar a la “media naranja”, el otro en quien completarnos, porque no somos medias personas. Quien no vive carenciando es bienvenido, quien vive carenciando tiene dificultades para encontrar compañía, es pesado andar satisfaciendo carencias”, señala Reinaldo Rojas, profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana.

A los 50, ¿qué pareja queremos?

Aún cuando el país y la provincia muestren altos índices de separaciones y una tendencia cada vez mayor en las mujeres a permanecer solas, nada apunta a la desaparición de la pareja humana.

Romper con modelos tradicionales de relación, vivir los pautados roles de género desde la contradicción, colocar la individualidad al mismo nivel que la colectividad en la pareja, y que la realidad no corresponda a la historia mítica del “amor para siempre”, no significa que este ha fallado o no se encuentre a los 50.

Con dicha edad se han atravesado varias etapas, frustraciones, tristezas,  conflictos, pérdidas, rupturas.

Los que siguen felizmente juntos, deben mantener la fórmula de que el amor es del día a día, de la caricia oportuna.

Aquellos que mantienen un matrimonio o unión fetiche, que lo repiensen. La existencia es corta para renunciar a los pequeños pedazos de felicidad, y comenzar de nuevo siempre es posible. Para ello hay que sanar antiguas heridas y hacer las paces con el pasado; no buscar amor desenfrenadamente; no recriminar en el otro historias anteriores; no ser  exigente en demasía y sobre todo, no predisponerse por miedo al fracaso.

A los que logran recomenzar historias, bien válidos cuántos intentos se hagan. Quienes optan por la soledad, que lleguen a ella, en verdad, como una opción de vida, y no una autocompasión por la relación terminada. Puede ser una etapa muy productiva, hay que también ser buena compañía para uno mismo.

Pero dense otra oportunidad.  No es fácil, es cierto. Mas pensar y vivir todo de a dos, tiene más encanto que multiplicarlo por uno. Y es que desde tiempos remotos se dice que “el amor anda a la vuelta de la esquina”…va y está cerca cuando termines de leer este reportaje

 

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Acerca de Maycardentey
Semi nativa digital, pinareña por causalidad y no por casualidad. Irremediablemente zurda, virgo por antonomasia y convencida periodista.

One Response to Amor a los 50 ¿por qué no?

  1. Yo soy mexicana y he tenido la oportunidad de ver un poco tu paìs.
    Y sobre la temàtica de tu blog dejame contarte, por experiencia propia , que el amor a los 50 si es verdadero amor es igual o màs intenso que en la juventud,la cuestiòn cronològica puede evadirse con la experiencia y la seguridad de lo que se quiere, amèn de tener la capacidad de seguir soñando pero sobretodo de sentir.

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