La crisis es nuestra mejor arma

La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. Pareciera que es de chiflados aseverar semejante idea, Albert Einstein fue ese loco por allá, a mediados del siglo XX.

El notable físico no necesitó descifrar difíciles problemas para hallar tamaña verdad: solo en tiempos arduos, los hombres encuentran las mejores soluciones.

Decía el creador de la fórmula de la relatividad que la creatividad nace de la angustia, es en la crisis que surge la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias.

A estas alturas de la sociedad cubana actual quién lo duda. ¿Acaso no han percibido que los mayores y mejores cambios en Cuba han provenido luego y en etapas de crisis?

Despenalización del dólar, apertura al turismo extra fronteras, flexibilidad en las relaciones Iglesia-Estado, ampliación de los convenios internacionales, nuevas significaciones al polémico proceso de emigración, presencia de inversiones foráneas en la Isla y ampliación del trabajo por cuenta propia son algunas de las acciones asumidas en medio de contextos difíciles.

El bloqueo, la crisis económica mundial, la interna, los pequeños nodos que la componen, lejos de ser solo un lastre, un impedimento para el completo desarrollo del país, han permitido encontrar caminos antes extraviados, soluciones desechadas en momentos ulteriores, diálogos inconclusos o postergados para supuestos momentos de mejor dicha nacional.

Nuestra crisis ha sido constante, apabullante, desafiante desde los propios albores de la Revolución, ha mordido su propia cola, aminorado el paso, aparentado desaparecer y luego emerge de nuevo. Pero ella, es nuestra mejor arma.

Tratando de superarla hemos dado lo mayúsculo de nosotros y de este país, se ha reinventado el invento cada día, se ha imaginado y articulado a una Cuba mejor, se ha innovado más que piezas de repuesto y fondos para la sustitución de importaciones. No se ha cejado en avanzar, romper la frontera y no quedar superados por la crisis.

Quien la ve solo como el enemigo, quien se escuda en ella para justificaciones inconsecuentes de malos procederes y pretensiones nefastas de un país mejor que no llega por “culpa” de ella, la crisis le pasa la cuenta.

Ya lo dijo el propio genio alemán, quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a la soluciones.

La única dificultad de verdadera importancia es la mediocridad y la incompetencia que a veces nos rodea, esa que se confunde en la mixtura de direcciones de empresas, de funcionarios y jefes que solo acorralan sus ineptitudes apuñalando al país y pasándole la cuenta al bloqueo, a la crisis, ayer el Período Especial, hoy la económica mundial, mañana ¿cuál?

La crisis no es el problema, el verdadero dilema es potenciar la asunción de posturas inteligentes, transgresoras y revolucionarias en las personas y los países; la molicie para hallar salidas, soluciones, alternativas es el peor de los conflictos, el único y verdadero.

No haremos funcionar este país si decimos que cumplimos tal o mas cual lineamiento cuando algunos solo lo asumen como viejas consignas adaptadas a nuevas formas y no entienden muchos de sus preceptos innovadores y progresistas.

No se puede superar la crisis si se asume el cambio como un proceso de ruptura y no de continuidad, como un fenómeno aislado y no ente natural de la propia existencia. Salvarnos de los problemas, avanzar e incluso retroceder, cambiar en fin, es un proceso normal; hoy no somos los mismos de ayer, mañana no estaremos ni cerca de lo que somos hoy.

Somos hijos de los cambios, somos hijos de las crisis, tenemos su ADN. Y es que sin problemas, sin desafíos una nación sería una aburrida e irreal historieta, una rutina adoquinada; sin el constante reto de superarse, de enfrentar murallas, de derribar desafíos la vida sería una tranquila agonía sin sobresaltos, méritos, logros.

Lo mejor de uno aflora en momentos como estos, sin la crisis de frío no existiera el fuego, sin la crisis de oscuridad, no tendríamos hoy luz eléctrica, sin la necesidad de movilidad hoy andaríamos aún por nuestros propios pies y la rueda sería sueño de locos.

Es hora de abrir de par en par la cábala, echar a un lado la mentalidad obtusa, dejar de acechar al cambio cual cacería de brujas, abofetear al sedentarismo social, callar la crisis o volverla comodín de nuestras ineptitudes.

La única crisis que no podremos nunca permitir es la de no querer luchar por superarnos.

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Acerca de Maycardentey
Semi nativa digital, pinareña por causalidad y no por casualidad. Irremediablemente zurda, virgo por antonomasia y convencida periodista.

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