El Waldo que soy

Rompió todos los esquemas posibles y lo sabe. Al principio, cuando su imagen todavía no trascendía en los espacios televisivos, su voz era asociada a galanes de la balada, de los promocionados por las televisoras internacionales y de la Isla; muchas y muchos imaginaron a un Chayanne o Luis Fonsi made in Cuba, al menos los que pudieron discernir que era un cantante de la Isla.

Waldo Mendoza, ese cantautor cubanísimo, «espontáneo, sencillo, natural» como él mismo se define, se ha convertido en un príncipe de la canción en Cuba. No es de la realeza de Hollywood, esa de estereotipos y falsos conceptos de belleza; no es rubio, esbelto, ni atlético o de ojos azules. Es un negro bonachón, gordo y bajito, con tremendo corazón y una voz «de película». Para los miles de cubanos que le siguen, es más que suficiente.

Incluso tras varios encuentros con Mendoza, desde el propio inicio de su carrera, una conversación con él es siempre grata.

¿Los inicios?

«Para el Adolfo Guzmán 2007, apareció Eric Sánchez, me pidió que defendiera Talismán, y le dije que no tenía posibilidades para ese tipo de concurso. Los que participan siempre tienen sus características, son músicos o son egresados de escuelas de arte, y yo soy químico, no tengo nada que ver con la música, no he estudiado, soy empírico totalmente. Al final canté el tema, gané el premio de la popularidad y una mención. A partir de ahí la gente comenzó a verme de otra manera, y cuando digo el público, digo también los músicos».

—Cuando dice esto subestima su voz, sin embargo, es su timbre lo que le distingue de los demás solistas, algunos incluso hallan en usted la cadencia y el encanto de Roberto Carlos…

—No le resto importancia, más bien creo que no soy un gran cantante, todo se lo debo al timbre. La magia está en eso y en la persistencia… hasta el cansancio. Es el sonido de mi voz lo que me hace ser Waldo Mendoza. Antes de conocerme me imaginaban de muchas maneras, pero ya Cuba sabe quién soy: cubano de Marianao, criado en Guantánamo, un chiquitico cabezón, con un timbre peculiar. Por lo menos eso, ¿no?

—¿Cuán difícil resulta defender géneros como la balada y la canción en un país como Cuba, donde hay una fuerte competencia, en la preferencia del público, con los exponentes de otros países y con la música popular bailable de sólido arraigo en la población?

—Es muy difícil, decirte otra cosa sería engañarte. Tienes que estar convencido tú, como artista, como intérprete, sobre qué es lo que quieres hacer, por qué y, sobre todo, que te guste. Se te hará más fácil cuando lo asumas con entrega y amor; cuando eso pasa, todo sale. A partir de ahí, si tienes un alma limpia, si tienes la posibilidad de entregarle a la gente transparencia, sentimiento en tus canciones, sinceridad sobre todas las cosas, más allá de objetivos de lucro, logras seguidores.

«Debes hacer que la gente sienta que lo haces por amor y que transmites amor. Tienen que sentirlo, es la manera, no hay otra. Cuba es una cantera de músicos muy buenos, que han trascendido en el género popular bailable, pero no creo que en la balada no se pueda hacer. En cada casa hay un enamorado, aunque sea de su propia vida, y cantarle al amor es una buena opción para decirle a la gente: “estamos vivos”».

—Manolito Simonet decía en una entrevista que ser solista en Cuba era muy difícil por la ausencia de un mercado sólido, de discográficas consolidadas mundialmente y estrategias de promoción, en especial para el público foráneo. ¿Qué cree usted?

—Tiene razón. El lanzamiento de la carrera, tanto nacional como internacional, de un solista es muy difícil. Cuando viene cualquier empresario a Cuba busca música tradicional o popular, no quiere un baladista, para eso tienen a su gente, reconocidos intérpretes de la música romántica en el mundo que tienen una transnacional atrás que los apoya.

«Es difícil y costoso, pero uno no puede cejar en ese empeño y debe seguir; hacer la canción romántica al estilo cubano, que es lo que trato de hacer. No compongo ni canto al estilo de los mexicanos, ni de los puertorriqueños; la mezclo con algunos ritmos de la Isla y caribeños.

«Es arduo, pero las puertas se están abriendo, hay seguidores, muchos que quieren hacer baladas, plasmar su criterio musical. Cuando se sumen, es como el dicho “en la unión está la fuerza”. Unirnos es lo más importante, y ese día llegará».

—Actualmente existe un mercado inestable en otros países para la música cubana contemporánea, y muchos grupos se ven obligados a cantar música tradicional para poder, poco a poco, introducir sus propuestas. ¿Qué pasa con Waldo?

—Cuba es un faro de luz musical para todo el mundo, y otros públicos ya se fijan en lo que pasa en Cuba. Algún día, a lo mejor no me toca a mí la suerte, se abrirán las puertas del mundo para este tipo de género hecho aquí. Me han invitado a tocar en muchos países, por suerte no tengo que ir a cantar la música tradicional cubana; y lo digo porque quiero que me escuchen por mi música, y no porque hago la más conocida de Cuba. Miguelito Cuní, Matamoros, entre otros, son embajadores de la cultura cubana, pero debemos hacer también valer lo que hay ahora. Ya en otros países se quiere escuchar lo nuevo que se hace y se ha hecho en estos últimos años, y mis canciones han corrido con buena fortuna. Va caminando con pasos cortos y vista larga. Pero se llega».

—En Cuba, con un panorama matizado por la música popular bailable, reguetón, house, con el auge de los proyectos audiovisuales, los baladistas no encuentran tantos espacios para la promoción y comercialización de sus obras, y ello estimula a que muchos migren a otras soluciones y ritmos para mantenerse. ¿Qué hacer para continuar con su música?

—Hay muchos que solo buscan la posibilidad económica. Sabemos que hoy día las plazas las llenan los reguetoneros, la salsa; para un solista es muy difícil tener una aceptación o convocatoria masiva. Uno entonces se ve un poco presionado por la economía y se retira, y cae en el reguetón y otras fórmulas.

«Pero no nos engañemos, podemos otorgar cubanía a nuestras obras sin dejar la esencia, por la cual la gente te busca o te conoce. He tenido la dicha, no sé si se podrá llamar suerte o buen trabajo, de llegar a la gente. Me ha costado muchísimo, no he renunciado, me he esforzado y ha dado resultado. Lograrlo ha sido una ardua tarea: me han apoyado los medios, también la gente, de forma underground, comenzó a conocer a Waldo Mendoza, de casa en casa, de disco en disco».

—Hay músicos a los que les interesan más las producciones discográficas que las presentaciones en público, incluso algunos se oyen de una manera en discos y de otra en vivo, y no pocos interpretan con background y doblaje. ¿Qué cree?

—El sueño de todo músico, o del que quiere serlo, es tener sus propios discos, por lo menos el mío era tener uno, eso queda para la historia. Lograr varios discos, como hasta ahora tengo, es algo maravilloso, y con producciones mías, mejor. Pero las presentaciones en público son pura magia, no sé lo que dicen las personas cuando escuchan mis canciones, cuando las oyen; cuando me ven en vivo, cuando me piden los temas, cuando cantan conmigo, es único. Se ve si el disco funcionó o no, se complementa el resultado, uno da una muestra en las grabaciones y lo da todo en los conciertos. Lo demás es parafernalia.

—Como usted, han existido en Cuba otros solistas, pero no han «corrido la suerte» de mantenerse tantos años, y menos tras vencer tantos estereotipos. ¿A qué cree que se deba?

—Ser sencillo, natural con la gente, decirle realmente qué piensas, no engañar a las personas, escribir lo que sientes para que ellos te vean a ti en tus canciones. Escribo en mis temas al Waldo que soy, y el público lo ha asimilado. No me cuesta trabajo, realmente soy así, no trato de hacer un personaje en mi mundo, en mi música, soy lo que oyen. La gente recibe eso y le gusta, a mí como espectador me gustaría también ver a alguien transparente en las canciones.

—Waldo no posee la imagen creada por los medios masivos de comunicación sobre los cantantes, especialmente de baladas y música popular bailable. ¿Logró romper barreras?

—Dímelo tú. Sí, se han roto, y me ha tocado romper muchos esquemas y estereotipos. Cuando empecé, pensaban que era extranjero: alto, rubio y de ojos azules, y ya tú ves: soy un puro cubano que canta baladas; soy un cubano al que le gusta cantar y al que no le importa cómo es físicamente, me gusta hacer este tipo de canción. Los feos también tenemos derechos. ¿No?

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Acerca de Maycardentey
Semi nativa digital, pinareña por causalidad y no por casualidad. Irremediablemente zurda, virgo por antonomasia y convencida periodista.

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