Transformismo en las artes escénicas: Ser el otro que no soy (fotos y videos)

transformismo_portadaLa impresión inicial siempre es la mejor, la insospechada…piernas misteriosamente contorneadas en un arte que se torna milenario; pasos firmes en algún tacón importado, ojos bien delineados que escoltan el toque meretriz entre el labial de boutique e insidiosas pestañas a lo Marilyn Monroe. Los olores llegan después, con esa mezcla de Chanel adulterado y after shave tras el camuflaje del pródigo maquillaje. Se abre el telón…

ACTO I: DE LA ÓPERA CHINA AL TEATRO CUBANO ACTUAL

El transformismo en su acepción más primigenia es definido como el proceso mediante el cual personas de un determinado sexo, en ocasiones adoptan los modismos culturales (maquillaje, vestimenta, gestos, forma de hablar) convencionalmente asignados al sexo contrario. Este proceso, en cualquiera de sus variantes, puede estar relacionado o no con la identidad sexual.

Su práctica ha estado presente a lo largo de la historia humana, desde el teatro griego de la antigüedad, los rituales religiosos de algunas culturas latinoamericanas, los onnagatas del teatro kabuki japonés hasta las conocidas representaciones del dramaturgo europeo William Shakespeare durante la última parte del siglo XVI del período isabelino.

Conocidos resultan los personajes femeninos protagonizados por hombres en la ópera tradicional china; y en vertientes más contemporáneas consagrados actores como Dustin Hoffman (Tootsie, 1982) y Antonio Gasalla (Esperando la carroza, 1985) representaron papeles de este tipo, considerados paradigmas del cine, la actuación y del transformismo escénico con profundo valor artístico.

Dustin Hoffman como Tootsie

Dustin Hoffman como Tootsie

En Cuba, el fenómeno ha estado marcado por la más rica sabia del teatro vernáculo. Ejemplos fidedignos se hallan en el debut de Rita Montaner como el negrito calesero en la zarzuela Niña Rita o La Habana en 1830. Pero a pesar de estas conocidas interpretaciones, en el caso isleño el proceso de transformación ha inmiscuido más a hombres que a mujeres.

A pesar de que Aunque resulta más común el transformismo escénico en hombres, existen conversiones iconográficas de mujeres como el personaje Varilla de Amarilys Nuñez en Delirio Habanero

A pesar de que Aunque resulta más común el transformismo escénico en hombres, existen conversiones iconográficas de mujeres como el personaje Varilla de Amarilys Nuñez en Delirio Habanero

ACTO II: ¿CARICATURIZAR AL PERSONAJE?

Para el dramaturgo y estudioso pinareño Manuel Miranda, la transformación deviene en una creación actoral en función de una obra, donde no solo se logran los aspectos físicos del personaje sino su caracterización psicológica.

En este sentido, Miranda junto con el crítico de cine José Alberto Lezcano coinciden que solo es justificado el transformismo cuando se logra escenificar toda la fisonomía, sociología e ideología de un protagonista.

Miranda recalca los usuales estereotipos y clichés que rodean algunas interpretaciones, entre estas las de vertiente humorística que casi siempre invocan a la burda caricatura de lo femenino.

Asimismo Lezcano, también guionista, refiere que en Cuba y Pinar del Río, en algunos casos se ha convertido el hecho en un estereotipo escénico, tanto por actores, comediantes o participantes en eventos de diversidad sexual. El autor de El actor de cine enfatiza que este proceso debe tener una función dramatúrgica y “no solo una aspiración del actor por convertirse en mujer, por imponerse el reto. Si la pieza no lo requiere, si no asume justificadamente al transformismo, este no es necesario.

“Hay casos, donde un hombre encarnando a una mujer, permite explotar muchas aristas del personaje, no es ella es también él, como en Esperando la carroza, aquí es válido, tiene una justificación dramatúrgica”, resalta el aguzado ensayista.

Gasalla en Esperando la carroza

Gasalla en Esperando la carroza

En este aspecto Reinaldo León, director de Teatro de la Utopía insiste en la necesidad de que, quienes asuman tal derrotero lo hagan desde una correcta técnica de elaboración, trabajo psicocorporal y del lenguaje para asumir idóneamente el sistema de códigos del otro u otra que interpretan.

“El transformismo está ligado a la naturaleza orgánica de la escena, cuando el actor se siente como tal, quiere transformarse, lograr un nivel de conversión en otra persona, que incluso lleve a un rediseño de naturaleza genérica”, describe León.

Jorge Luis Lugo, recientemente galardonado con el Caricato en actuación humorística por su personaje Perancita en Lienzo de una mujer que espera, apoya tal afirmación. “Asumo la transformación no solo como el proceso de posesión en un rol de un sexo diferente, sino desde la misma esencia de ser una persona que no soy yo, sea hombre o mujer. Visto así, un actor siempre está en constante conversión.

Jorge Luis Lugo como Perancita

Jorge Luis Lugo como Perancita

“Ya en el plano de Perancita, no es Lugo haciendo de mujer, sino es Esperanza, fémina de 50 años que logró tras un estudio de su psicología, formas de vestir, comportamiento”, arguye el miembro de teatro Rumbo.

Aquí Miranda precisa: “nadie solo porque se vista de mujer, reúna condiciones físicas y se ponga a doblar en la escena, ya es un transformista”.

ACTO III: TRANSFORMARTE DESDE LA SOCIOLOGÍA

Más allá de referenciar al transformismo como una vertiente escénica, mayormente vinculada en los últimos años al teatro, en el país y Pinar del Río desde mediados de los 2000, tendencias del fenómeno han encabezado eventos de prevención de Infecciones de Trasmisión Sexual (ITS) y la promoción del respeto a la diversidad sexual.

Su expresión más usual en eventos como el Transarte, figuran en la caracterización de cantantes femeninas de moda y el doblaje de sus voces. En ocasiones, esto ha impedido que sea considerada por algunos especialistas como una manifestación artística y se denominen como funciones parateatrales. Según Remberto Rico, director artístico del Transarte y espacios como XY, estos fungen desde una misión educativa, donde la transformación se logra en mayor o menor medida, en dependencia del interés y preparación de quien encarna al personaje.

“Antes de ofrecer visiones reduccionistas hay que valorar quién hace el trabajo, cómo lo desarrolló, cómo escenificó, cuáles fueron los recursos empleados y si el resultado es feliz. No considero que solo se “apruebe” como transformismo a una obra de teatro, porque un crítico especializado diga “esto sí es porque está en función del arte”, agrega Rico.

Miguel Ángel Sarmiento, considerado por muchos de los entrevistados como uno de los pocos participantes del Transarte que logra una verdadera transformación, esclarece su perspectiva. “Encuentro un desdoble artístico en lo que hago, en el escenario no soy el que ves diariamente; al mirarme en el espejo encuentro en mi cuerpo a otra persona diferente a mí”.

Miguel Ángel Sarmiento

Miguel Ángel Sarmiento

Samandra, su personaje con más de 16 años de concepción, no resulta una mujer grotesca y epiléptica en sus representaciones. “Ha llevado sacrificio, entrega, barreras. Quiero que la vean a ella en la obra, no a un transformista”.

Miguel Ángel como Samandra

Miguel Ángel como Samandra

En este sentido varios de los entrevistados como Lugo, Lezcano, Miranda, León e incluso el propio Rico, recalcan en la necesidad de que los miembros del proyecto Transarte adquieran mayores y mejores formaciones técnicas en aras de una verdadera escenificación que rebase la actuación coyuntural de un día.

“Samandra la he reservado siempre para los escenarios y no puede salir de ahí. Miguel Ángel es uno y Samandra es otra. Es la manera de que el primero, como defensor de la segunda, ha puesto una barrera entre los dos. Ahí es donde se ve el trabajo del transformismo: soy Miguel Ángel en la calle; en el escenario, soy Samandra, esa es su casa, su lugar, fuera de ahí ya no sería Samandra, la artista”.

Allí, arriba, a dos metros del público, Lugo-Perancita o Miguel Ángel-Samandra son más que emperatrices del maquillaje, son artistas de la simulación, de la conversión en el otro que no se es.

Paso a paso se retiran el labial, la peluca ya cuelga en una de las manos que sin guante deja entrever el vello masculino, las luces se apagan…Se cierra el telón.

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Acerca de Maycardentey
Semi nativa digital, pinareña por causalidad y no por casualidad. Irremediablemente zurda, virgo por antonomasia y convencida periodista.

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