“Locos” por la Ruta Cuba (+fotos)

caminantes_cabo-179 días y 2 134 kilómetros recorridos. No fue fácil. ¡Nada fácil! Era el día 78 ¡78! Un viernes: habían pasado ya 1 872 horas, 112 320 minutos, 6 739 200 segundos, y más de 10 pares de zapatos gastados: estaba quien desgarró uno por día; otro a dos por mes; ¿los más? rompían siempre el mismo: hambriento y zurcido. Y ahí estaba ¡al fin!: el Cabo de San Antonio.

El sol ya se escondía, al igual que un lagrimón de Liliana, por la misma península de Guanahacabibes. “¡Caballero, que no se diga!, ahora que llegamos no puede haber lágrimas”, se apresuró a decir Reinaldo, quien, con el rostro torcido, jugaba a las escondidas con par de ellas.

Todos se miraron, se bosquejaron, se examinaron con aguda mirada de médico, de madre, de amigos de aventura a lo Indiana Jones: “¿Y ahora qué hacemos?”.

MELODÍAS DE CAÑAVERAL

¿Las peripecias? ¿Por dónde empezar? Como aquella vez cuando recurrieron al “plan B”: quemar un poco de leña en una loma, para que desde la otra, los fueran a buscar. Se habían desviado un poquito del camino. Vaya eso se pudiera decir. ¡Ellos no estaban perdidos! ¡No, qué va!

Pero en una ocasión fue distinto. Eran las 11:00 p.m., en pleno Taguasco, Sancti Spíritus. La noche era, literalmente, “una boca de lobo”, ahora por fin entendían la socorrida frase de los cuentos infantiles. La norma del día se había cumplido, más bien sobrecumplido, los más de 60 kilómetros ya empezaban a doler.

“¡Estamos perdidos!”, dijo como verdad de Perogrullo, Luis Enrique. “Una buena caminata, no lo es de verdad, si no nos perdemos”, pensó. Ya todos se habían dado cuenta, nadie sabía dónde estaban: ni ellos, ni la propia Policía que les seguía el rastro en su aventura por todo el país. “No los podemos encontrar”, les dijeron.

El fango a la cintura, un cañaveral, zapatos ensopados, ropa ensopada, alma ensopada. “¿Y ahora qué?”, atinó Alex. Una tempestad les caía, gota a gota, encima. “¿Y eso? Oye, eso es un tornado”, dijo Liliana. Por lo menos fue solo susto. Mas, el agua seguía, insistía, se ponía bien pesada.

A Alex y Luis Enrique les dio por cantar, entre más complejo el momento más alegre se ponían. Cruzaron los brazos. ¡qué cantar! Liliana les sirvió de coro. Alguien allá arriba de seguro se preguntaba quiénes serán esos locos cantando casi a media noche en un cañaveral, insoportablemente mojado.

Reinaldo sacó un pedazo de ¿mortadella?, picó un pan en cuatro, lo rellenó como pudo con lo que quedaba. Todos lo miraron, ¿comer ahora? ¡Qué más da! Se echaron a reír. ¡Malditos cubanos que nos reímos de nuestras propias desgracias! Y tomaron su trozo de pan, y encontraron solución a su hambre; y encontraron la claridad de la noche… y los encontraron a ellos.

YO, LA ÚNICA

caminantes_cabo-3“Déjame apurarme, no me puedo quedar atrás. ¡Pero es que caminan tan rápido! Por mucho que quiera, a veces, no puedo llevar su ritmo. Sí, sí. Lo sé, ¿quién me habrá mandado a meterme en esto? Pero, después de todo, me digo: Liliana, ha valido la pena.

“No me creo Mariana. ¡No! Y menos Celia o Vilma, pero ¿saben? quizás pudiera ahora estar un poquito más cerca ¿no? Estas caminatas lo valen.

“Chicos, esperen un momentico, tengo que ir al baño. ¿Baño?, Bueno, pa´l monte, jaja, ustedes saben. ¡Por supuesto!, esta es siempre la parte más difícil. ¡uff! Las matas me tienen loca, y agáchate y orina… en fin ¡Mujeres! Al menos por estos días no tengo aquello, sí, aquello, la regla, lo que sea. La semana pasada fue de truco con el tema, y los dolores de rodilla, y el cambia cambia. ¿Cómo sugerirlo?, y para, y vuelve, y sigue.

“Pero, siempre me digo: ´con calma Lili, que hay que llegar, tenemos que llegar. Con suavidad, con paso seguro, nada improvisado o en falso, mira que en las noches estás rabiando del dolor. ¡Qué no me dolerá! Estos huesos, malditos huesos, que molestan tanto. Y yo los doblego, pero me hacen caso cuando les viene en gana. ¡Malcriados! Aunque no me caben dudas, me he superado físicamente. Ese es mi mayor récord: ese y el cariño de la gente.

LOCOS Y AMIGOS

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“Siempre lo he dicho. Esto no hubiera sido posible sin grandes amigos”, se apresuró Reinaldo mientras sacaba la mano a un camión en la desértica carretera.

“No, no tengo agua”, le decía el sorprendido chofer, quien se cuestionaba quiénes eran aquellos que con el sol del mediodía, caminaban por tales parajes. “¡Jóvenes!”, y aceleró.

“Estoy agotado, y tengo sed, mucha sed. Y este sol bestial, criminal”, amortiguaba Jesús la poca saliva que le quedaba.

Ya horas antes se habían graduado de actuación en un caserío cercano. “Señora, por favor, tenemos un amigo con fatiga, tiene la presión baja y no responde. Nos da un poco de café”, intentó Liliana. El brebaje apareció, y Reinaldo dormía en paz la siesta, cuando todos le agarraban la cabeza, y lo inclinaban para que tomara la esperada medicina. “Toma, toma, para que te repongas. ¡Pobrecito! Ha caminado tanto, tiene un desmayo”. Entre medio soñoliento, Reinaldo olía la aromática bebida. “Bueno, si todos están despiertos, hablan de café y desmayo, entonces el desmaya´o lo estoy poniendo yo. Pues ¡viva la sirimba y la cafeína!”. Y haciéndose el desfallecido procedió a beber. Un ligero codazo de Michel le devolvió enseguida el aparentemente perdido aliento. “Loco, no te hagas tanto, no exageres, deja que es pa´ to´ el mundo”.

Y es que a Reinaldo le pasaba todo o casi todo, como aquel día, que por hacerse el adelantado, en medio de una tormenta, un rayo le cayó cerquita, no tanto, pero sí lo suficiente como para asustar. Todos corrieron a su lado; él blanquito como un papel, ¡y vamos que no es tan blanco!, se viró: “Denme papel, voy pa´l baño”. El olor delató su pánico.

Pero el día en cuestión, ya el calor era insoportable. Los mosquitos los tenían traumatizados, los confundían con garrapatas. Días antes una tropa de ellas les hizo la guerra. “¡Ya mi cuerpo no aguanta una más!, las odiaba. Estaban desesperados por llegar, la jornada había sido intensa. Siempre hay un destino; siempre, por cada noche, hay una mano amiga, un plato de comida, algún piso, o cama, o lo que fuera, que les acogería el cansado esqueleto.

¡ESTO ES CUBA!

“Señores, no hay quien nos haga cuentos. Hemos caminado Cuba. Esta es Cuba”, se adelantó Reinaldo con su ligero cuerpo que entraba en contraste con una mole de cemento: el faro Roncali.

Liliana lo miraba y asentía. Recordaba aquellas personas, aquellos pueblos. ¡Cubanos solidarios! Sin dudas, ¿dónde se ve eso? “Y aquel historiador, que nos hacía tantos cuentos, o el viejito que nos alojó en su casa y nos describió las leyendas del lugar”.

“!Ja!, o cuando nos confundieron con barbudos y armados. ´Hay unos pelú con mochila y escopetas en el pueblo´, le dijeron a la delegada. Y nos miramos: ´¿seremos nosotros?´ La cuchilla estaba de vacaciones, bueno, ¡lógico! ¿no? No te vas a estar afeitando en medio del monte. Pero ¿y las escopetas? ¡Ah! ¡Ya!, las banderas enrolladas. ¡Qué ilusión óptica! ¡Qué imaginación! Jajaja”, dijo Alex.

“Es verdad, hemos aprendido más historia que en todos nuestros años de estudiante. Pero no de esa historia aburrida. No. Llevo conmigo mucha remembranza local, muchos cuentos y anécdotas de las que ya no se hacen, de las que no se cuentan en las aulas”, confirmó Luis Enrique.

“Y encontramos amigos, muchos amigos, y se nos sumaron… No es verdad Hilario. ¡Viejo!, te subestimamos. Me dije cuando te vi bajar en La Palma: ´A este señor quién le habrá dicho que aguantará esta locura´. ¡Y mírate! ¡Acá estás!”, le bordeó con la mano Michel. Quedaban solo metros para entrar al “Roncali”.

“Cumplimos el deseo, chicos, ah, y chica. Jaja. No lo puedo negar, pensé: ´Caminar Cuba, ¿por qué no?, es una cosa normal´. ¡Uf! No sabíamos de verdad a qué nos enfrentábamos”, decía Reinaldo, mientras subía la escalera del faro; todos asintieron con la cabeza.

“Y camina, y camina y todos los días con el espíritu fuerte. Y Cuba esperando por ti, la historia, Martí, Maceo, todo ahí. Y es mucho, y te das cuenta de que en verdad estás loco y a veces es bueno porque somos las mejores personas los que tenemos un poco de locos”, afirmó como filosofía de vida, mientras abría la compuerta de la misma punta donde el mar le daba la bienvenida. “Y pensar que fue ayer”, se secaba el medio “moco caído”. “¿Por qué vamos a llorar en estos momentos?”.

“¿Ahora qué hacemos?”, adivinó Alex el pensamiento de todos, mientras se tomaban las primeras fotos en la mítica torre.

“¿Descanso?”, manifiesta Jesús, mientras posaban.

“¡No!, sueño una mejor idea: hagamos la ruta del Che desde Las Coloradas hasta Santa Clara”, soltó como un relámpago inesperado Reinaldo.

Todos congelaron las cámaras, dejaron de mirar el enigmático manto azul que se levantaba a su vista, y miraron a aquel soñador barbú.

“¡¡¡¡¡¡¿¿¿¿Cómo??????!!!!”

Fotos: Santiago Calero

Fotos: Santiago Calero

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Acerca de Maycardentey
Semi nativa digital, pinareña por causalidad y no por casualidad. Irremediablemente zurda, virgo por antonomasia y convencida periodista.

One Response to “Locos” por la Ruta Cuba (+fotos)

  1. KTP says:

    Visto…muy bueno
    Pudiéramos entrar en afiliación
    Aquí nuestros datos

    Cuba X Dentro es un blog cuyo propósito es ser un vehículo que permita acercarse a la realidad cubana actual desde diferentes aristas de la escena nacional, así como mantener actualizado a los cibernautas de los fenómenos y acontecimientos que se desarrollan en el mundo. Pretendemos incentivar la polémica desde la perspectiva revolucionaria, con acento en el diálogo entre las nuevas generaciones y su realidad circundante. Este espacio servirá para defender a Cuba y su pueblo de la guerra mediática a que son sometidos constantemente

    http://cubaxdentro.wordpress.com/

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