Rigoberto Ferrera: “Vivir para y no del humor”

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Se ha vuelto con el tiempo un científico del humor, aunque como todos recurra de vez en cuando a choteos y frases del argot popular que en ocasiones rozan el folclor y el vulgo. Pero más allá de recursos coyunturales, Rigoberto Ferrera maquina sus espectáculos concienzudamente como una obra dramatúrgica: piensa sus funciones como especie de matemático o meticuloso chef que no olvida ningún ingrediente.

No tiene pelos en la lengua, como dice un refrán y se aventura en clasificar a esta como una época gris en el humor cubano: “de poca variedad y competencia”, asevera mientras rememora los grandes show del teatro Martí o de la década del ´90, donde la censura era mayor, pero se hacía más teatro cómico.

¿El humor?
“Es risa, pero a la vez es caótico, irreverente, es anárquico mientras sea un caos con orden. Invita al rato lúdico, sin embargo hace reflexionar al mismo tiempo. Es complejo enmarcar el género, sería injusto hacerlo, no te lo puedo definir”.

¿El humorismo?
“Es una carrera de resistencia, no de velocidad, mientras más obstáculos haya, más fuerte debe ser el pensamiento para seguir haciendo teatro y seguir haciendo humor. Y aunque a veces se peque, no debe dejarse apabullar por la vulgaridad”.

¿Unipersonales vs. trabajo en colectivo?
“Me es más cómodo, ya no sé ser Rigo de otra manera. Dependes de ti mismo, es más fácil el unipersonal para improvisar, versionar, para hacer una función lo más parecida posible a lo que pensaste. El público recibe contigo un momento divertido, pero también mensajes; hago catarsis con ellos o les digo lo que quizás no son capaces de decir. Les doy todo lo que pienso en el escenario; hago lo que quiero, digo lo que quiero, y por suerte la audiencia lo ha asimilado”.

¿Encasillamiento?
“Todos lo padecemos. Es una lástima, hay muy buenos humoristas que son excelentes actores dramáticos. Mira a Omar Franco. No es imposible. Los directores y críticos, y hasta el mismo público te encasillan, pero todo depende de ti, también ayudaría una buena campaña de publicidad que revierta esa imagen de solo humorista. Lo más importante es aven-turarse, hay quienes viven de un personaje toda la vida y pasa el tiempo y pasa su momento. Y siempre serán recordados por ese papel y ya. El riesgo siempre será la mejor opción.

“No es ajeno que a la comedia la menosprecien, no depende solo del papel de las instituciones culturales. Siempre y cuando el humorista no se interese mucho por su superación, o no se respete, no lo respetarán y le echarán a un lado. Nosotros mismos tenemos que velar porque eso no pase, tenemos que hacernos valer para que no exista esa dicotomía entre los dramáticos y los humoristas: somos actores todos”.

Hay quienes achacan al humor cubano padecer in extremis de la coyuntura y los localismos…
“Cuba ha estado cambiando como todo país y sistema, y así los unipersonales y espectáculos han estado en constante evolución. Pero en ocasiones los humoristas, para obtener un resultado en poco tiempo, convierten su obra en una pieza demasiado local y temporal. El humor, en general, es muy contextual; debe tener de idiosincrasia, pero que no sea el 90 por ciento de la propuesta. Hay que abordar temas que permitan códigos universales para llegar a más público. Esto lleva mucho trabajo, sacrificio y entrega. No todos lo hacen. Y a veces el camino más fácil, a la larga no trasciende. No te has preguntado por qué el humor cubano apenas se conoce fuera del país, por qué no se trasmiten internacionalmente los show o programas cubanos de comedia”.

Vivir del cuento

Vivir del cuento resulta una propuesta humorística aceptada, pero existen pocas opciones audiovisuales de comedia y con ello escasa variedad. Incluido los títulos que se repiten y asemejan: Vivir del cuento, A otro con ese cuento y Deja que yo te cuente.

Crítica y público aplaudieron la propuesta Reír es cosa seria de Kike Quiñones e Iván Camejo. Otros extrañan un humor inteligente al estilo de Les Luthiers. ¿Se ha perdido la comedia musical en Cuba? ¿No hay público para un humor intelectual?
“No, para nada, el público cubano está preparado para todo tipo de proposición, lo que se ha perdido es la esencia del teatro humorístico. En muchas ocasiones, un espectáculo solo es una consecución de monólogos uno detrás del otro, sin lógica dramatúrgica. Son una su-matoria y no una idea orgánica, que tenga inicio, desarrollo, desenlace, clímax. Son varios ‘humoristas´ con su parte, y ya está. ¡No! No critico con esto los sketches, ni tampoco los chistes, pero deben tener lógica y complementariedad en una actuación. Como porción funcionan, pero se ha perdido la idea de pensar el humor escénicamente.

“Si prestas atención notarás que muchos espectadores no se sientan en la primera fila: piensan que lo van a ‘coger para el cuero´ como se dice. El show humorístico lleva trabajo, preparación, va más allá del choteo del público o la burla circunstancial. Conlleva lecturas de teatro, aprenderte un guión, estudiarlo, pensarlo y soñarlo con todos los componentes: la música, la escena, las luces”.

Algunos humoristas piensan que el humor cubano goza de buena salud.
“No estoy de acuerdo, hoy se atraviesa una etapa gris de poca variedad y competencia. Los espacios de la televisión son pocos, y las propuestas escénicas también. Fíjate en el mismo Festival de teatro de La Habana cuántas opciones de comedia hay.

“Hoy muchos dicen que se critica bastante en el humor. Es cierto, en el teatro se dicen muchas cosas, pero no desde ahora. Por tradición aquí en Cuba, el teatro vernáculo, Covarrubias, el Martí, el Conjunto Nacional de Espectáculos, siempre han sido como una tribuna para exponer todos los problemas y situaciones erradas, actos negativos, malos hábitos. Incluso antes había más censura y se decían cosas interesantes, al menos artísticamente pensadas. Hoy hay más libertad y se hace menos teatro humorístico.

“El fenómeno depende de muchos factores; el arte es un común reflejo de la sociedad. En los 90 afloraron mayores y mejores espectáculos porque se abogó por eso. Se daban cursos en el Instituto Superior de Arte, los humoristas aprendían de puesta en escena, de teatro en general. En ese entonces se defendía el estudio, la profundización; se asumió como alternativa porque se tenía poco dominio sobre eso; hoy se tiene menos. En la actualidad existe mucho mer-cantilismo que atenta contra el género. Se está viviendo del humor y no para el humor”.

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Acerca de Maycardentey
Semi nativa digital, pinareña por causalidad y no por casualidad. Irremediablemente zurda, virgo por antonomasia y convencida periodista.

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