Yo también tengo miedo

Apretaste mi mano, fuerte, sensible, certera: “Tengo miedo”, susurraste lentamente, mientras volvías recostar la cabeza en el sillón de mimbre

“Vamos, Pepe”, dijiste días antes con esa manía de viejos de nombrar muertos, cuando menos se les espera. Y esa tarde, repartiste besos por doquier; ingenuos nosotros que pensamos en tu pronta recuperación y ya te veíamos rodando tu sillita por pleno pasillo central del caserón. Leer más de esta entrada

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: