Un día para todo, ¿y para mí?

calendarioMe han repartido los días, me los han ordenado, formado en fila, puesto nombre y dedicatoria. “Lo tienen to´ pensa´o”, como dijera el “acere” de mi barrio, y me cuesta darle la razón. Pero es verdad. “Lo tienen to´pensa´o”.

El almanaque lo han desmenuzado, piece by piece, y le dedicaron un día a todo: al agua, a la mujer, a las madres, al bancario, la bibliotecaria, al trabajador de comercio o al campesino, al Ozono, a la lucha contra la homofobia, o en contra de la lepra. Ya no sé qué celebra cada cual, da lo mismo el día de la garrapata o que liberen a los perros chihuahuas. Hasta para lavarse las manos hay una jornada. ¡Nada me extraña!

Es una especie de reconocimiento in situ, de paradoja tan inclusiva que excluye, es una obsesión matemático-social de porcionar el calendario para no pocas veces satisfacer egos profesionales, solucionar problemas medio ambientales insalvables y saldar deudas con prejuicios remotos. Como si la homofobia se acabara en un día o los campesinos sintieran más amor a la tierra los 17 de mayo. Cuadriculan jornadas, solemnidades, homenajes, como si todo se tratara de 24 horas cíclicas, repetitivas, aburridamente periódicas, y por ende divorciadas en muchas veces, de los otras 8 736 restantes del año. Leer más de esta entrada

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