El mal juego de «echar la culpa»

No es mentira. Somos críticos acérrimos, despiadados perfeccionistas, inconformistas natos cuando se trata de valorar hechos cotidianos, situaciones económicas y errores «ajenos». Y vale señalar «ajenos». Pocos, y que lance la primera piedra quien considere lo contrario, estamos preparados para, de manera autocrítica, reflexiva y asertiva, asumir la culpa cuando se ha obrado mal.

Es un lastre que arrastra no solo nuestro país, es una característica intrínseca del ser humano: en la concepción del hombre, el chip de reconocer traspiés propios vino defectuoso y en contadas ocasiones funciona bien. Leer más de esta entrada

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