Yo también tengo miedo

Apretaste mi mano, fuerte, sensible, certera: “Tengo miedo”, susurraste lentamente, mientras volvías recostar la cabeza en el sillón de mimbre

“Vamos, Pepe”, dijiste días antes con esa manía de viejos de nombrar muertos, cuando menos se les espera. Y esa tarde, repartiste besos por doquier; ingenuos nosotros que pensamos en tu pronta recuperación y ya te veíamos rodando tu sillita por pleno pasillo central del caserón. Leer más de esta entrada

Elegía de una amante desesperada

Confieso que cuando la conocí no me hablaba mucho, o mejor aún, nunca me habló, al menos no de formas convencionales. Un agujero negro se abría entre nosotros; pero, ¿qué más da?, toda buena relación comienza (o termina) en un agujero negro, uno es quien tiene que agenciárselas para llenarlo de buenos recuerdos, o por lo menos hacerse la idea ilusa de que lo ha llenado.

En un principio mi familia puso resistencia, quizás por la formación tradicional, que les alejaba de las tónicas de los nuevos tiempos. Fueron intensas discusiones, no entendían por qué me era tan necesario estar con ella. Trataron de cambiarme la idea en más de una ocasión, pero no cejé, mi decisión estaba tomada, era ella o nada. No quería saber más de la vida si no estaba junto a mí. Leer más de esta entrada

Hablar a tiempo (+fotos)

 

Foto: Osbel Concepción

Foto: Osbel Concepción

…la vida sólo es bella por el deber y por la casa.

!Todo lo demás engaña!

Y la misma casa engaña a veces,

y toma uno por oro puro lo que no lo es.. . !

Nunca se es más desconocedor de las realidades y problemas que cuando más cerca se encuentran. Y a veces, esas tristes veces sabemos apreciar el valor ajeno, apoyar en demasía al prójimo y descuidar el hogar.

Hay que andar consciente, por estos días de turbias y amenazantes modas, de guerras de cuartel entre jóvenes y adolescentes con el arma blanca como pretexto para saberse más hombres, o regalos fortuitos que mal sanan la vida sexual y la convierten en objeto de fama, popularidad y status social. No podemos desamparar a los nuestros.

No basta con creer que hablamos lo suficiente, aconsejamos lo necesario, e incluso con mostrarnos liberales acorde con la época que corre a la prisa de recordistas de 100 metros, sin darnos chance al respiro, a digerir las tendencias, o al menos saber cómo actuar mejor. Leer más de esta entrada

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