Había un escritor que no era profeta en su tierra

Rodolfo Duarte

Había una vez un escritor que primero fue casi militar, casi mecánico, profesor de Literatura, convencido fabricante de relojes antiguos, vinatero, vendedor de pan con “cosa”, actor de aventuras policíacas, antes de publicar su primera novela. Había una vez un prosista que incluso prefirió vivir intensamente la vida, porque “un buen literato sobre todo es un hombre que ha vivido”. Había una vez un gran novelista que no era profeta en su tierra…

No se puede negar: no era un escritor “común” o al menos de los que “comúnmente” se conocen. Aparentaba cualquier profesión menos la de darse a las letras. Su voz estentórea delataba a un comerciante en potencia; su modulación dejaba entrever al actor radial; su entonación carismática revelaba al campechano.

Primero fue conocido por “el hombre del saco de pan” en el tren hacia su consolareño terruño; o por aquello del típico personaje pueblerino que camina por el medio de la calle central silbando como un loco.

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Abel Prieto: “desinflar la burocracia en Cultura” (+fotos)

¿Puede ser rentable una función de una orquesta sinfónica? ¿O generar ingresos un libro de poemas de un autor joven, talentoso, pero desconocido? Las preguntas, puestas sobre el tapete, colocan en el centro del debate los cambios estructurales presentes en este momento en el Ministerio de Cultura.

Dentro del modelo de actualización económica, las instituciones culturales reordenan procesos y en aras de elaborar engranajes más orgánicos, muchas de estas entidades asumen hoy dinámicas empresariales.

“Los principales cambios, en términos de estructura, tienen que ver con desinflar la burocracia”, explicó Abel Prieto, titular de dicho organismo, en la jornada inaugural de la XXI Feria Internacional del Libro en su sede pinareña. “No tocaremos ni a un solo creador, intelectual, o técnico en función del hecho artístico, pero sí hay que reubicar a una gran masa de personas en el sector administrativo que no son esenciales y, en ocasiones, entorpecen”. Leer más de esta entrada

Las aventuras de Jaime Sarusky

“Hay que saber esperar. No basta con querer  las cosas para conseguirlas”. Acabo de volver a leer Rebelión en la Octava Casa de Jaime Sarusky, y no puedo evitar remitirme a su apartamento de 21 y 24, donde parecen encontrarse los viejos personajes: la supersticiosa y reticente a los cambios Petronila Ferro y el joven y pujante Oscar, con ansías constantes y turbulentas de revolución.

“Hay que saber esperar. Las aventuras siempre terminan mal. No basta con querer las cosas para conseguirlas”, sentencia por doble partida Petronila Ferro, quizás hasta como antagónico del propio Sarusky para quien abandonar fortuna por ir en busca del sueño anhelado, no ha resultado ni aventura loca, ni ha terminado mal.

Comparto con ustedes parte de nuestra conversación recientemente, por más de dos horas y varios emails.

 

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Hoy quiero intentarlo

Hablar con Jaime Sarusky es una experiencia única

Hablar con Jaime Sarusky es una experiencia única

Hace apenas unas horas de mi conversación con Jaime Sarusky, Premio Nacional de Literatura 2004, y no logro sacarlo de mi mente. Ni siquiera la lluvia de invierno o la lejanía me impidieron ir en busca de la ansiada entrevista y me fui con más, con una lección de vida.

Confieso que estaba un poco molesta, no es fácil con las comodidades a las que banalmente nos acostumbramos, viajar 150 kilómetros en busca de una entrevista, que en muchas ocasiones suelen ser fallidas quizás por las expectativas para con el entrevistado, o tal vez por los ánimos y personalidades de los mismos.

Pero en realidad Jaime Sarusky desvirtúa toda previsión posible, en mis pocos años de profesión ha sido unas de las mejores conversaciones, más que entrevista, y me atrevería a decir que será una de las más provechosas en toda mi vida como periodista. Leer más de esta entrada

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