Cuándo será tiempo…


Recuerdo mi ingreso a la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, una guajirita pinareña sin más conocimiento que unos libros leídos en horas de estudio independiente y un analfabetismo tecnológico abrumador.

Tener un disquete era la misma gloria, mi gloria informacional en un grano de maíz de 1,1 megabyte. Y aparecieron las memorias flash, divino invento computacional, el dispositivo de almacenamiento extraíble que si no poseía, técnicamente quedaba excluida de los círculos no de poder, sino académicos.

Como todos, quería tener mi flash, era la mayor meta. La tuve. Luego llegaron las grabadoras de casete, también poseí la mía.

Pero no descansaba ahí, la prosperidad profesional no llegaba aún; irrumpieron los mp4, las cámaras de fotos digitales, las de video de tarjeta, de disco interno, y las computadoras, las laptops, las mini, los celulares, los blackberry, los iphone. Y piensas que no consigues la meta aún, quieres una cama para ti sola, un cuarto, un baño, una cocina, una casa… Y la felicidad aún no se asoma. Leer más de esta entrada

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