El Waldo que soy

Rompió todos los esquemas posibles y lo sabe. Al principio, cuando su imagen todavía no trascendía en los espacios televisivos, su voz era asociada a galanes de la balada, de los promocionados por las televisoras internacionales y de la Isla; muchas y muchos imaginaron a un Chayanne o Luis Fonsi made in Cuba, al menos los que pudieron discernir que era un cantante de la Isla.

Waldo Mendoza, ese cantautor cubanísimo, «espontáneo, sencillo, natural» como él mismo se define, se ha convertido en un príncipe de la canción en Cuba. No es de la realeza de Hollywood, esa de estereotipos y falsos conceptos de belleza; no es rubio, esbelto, ni atlético o de ojos azules. Es un negro bonachón, gordo y bajito, con tremendo corazón y una voz «de película». Para los miles de cubanos que le siguen, es más que suficiente.

Incluso tras varios encuentros con Mendoza, desde el propio inicio de su carrera, una conversación con él es siempre grata. Leer más de esta entrada

Waldo Mendoza: un príncipe negro, gordo y bajito

Rompió todos los esquemas posibles y lo sabe. Sin haberlo visto nunca físicamente, su voz semejaba a la de los galanes difundidos por las televisoras internacionales y de la Isla; muchas y muchos imaginaron a un Chayanne o Luis Fonsi made in Cuba, al menos los que pudieron discernir que era un cantante de la Isla.

Waldo Mendoza, ese cantautor cubanísimo, “espontáneo, sencillo, natural” como él mismo se define, se ha convertido en un príncipe de la canción y el feeling en Cuba. No es de la realeza de Hollywood y de la que por fuerza y mediocridad hemos intentado estandarizar en nuestros medios de comunicación; no es rubio, esbelto, ni atlético o de ojos azules, es un bonachón de color, gordo y bajito, con tremendo corazón y una voz de “película”, y para los miles de cubanos que le siguen, es más que suficiente. Leer más de esta entrada

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